Tres novelistas hondureños

Segisfredo Infante

Ernesto Bondy, José Luis Ulloa y Héctor Alfredo Martínez, han puesto sobre mis manos tres novelas autografiadas que son de sus propias autorías. Lo educado, en estos casos —tal como lo hacía don Jorge Fidel Durón—, es acusar recibo por escrito y adelantar algunos comentarios acerca de los primeros recorridos sobre sus páginas, habida cuenta que los autores esperan algunas palabras preliminares de alguien que se dedica, entre tantísimas cosas, a reseñar en forma sintética muchos libros de autores nacionales y extranjeros. Hablo de una anticipación porque es oportuno asincerarnos en el sentido que tenemos varias novelas, viejas y nuevas, pendientes de lectura (o de relectura), las cuales esperamos que algún día la vida –que es tan corta— nos permita aproximarnos con el primor que se merecen algunos buenos narradores.
“Caribe Cocaine” es la voluminosa obra narrativa con la cual Ernesto Bondy ha incursionado en el nada fácil subgénero policíaco, presentándonos una historia de entretenimiento con planos diferenciados de amor, intriga, asesinato, investigación y comercio  intercontinental de drogas.

Desde el principio el autor pretende convencernos que se trata de la más grande jugada cósmica urdida por el narcotráfico suramericano, que curiosamente habría de verificarse en una de las islas del caribe hondureño. La utilización de la geografía de Honduras es puramente convencional ya que suponemos que el autor desea atrapar a los esquivos lectores nacionales. Pero, tanto por el lenguaje moderno (casi periodístico) como por los personajes internacionales y la trama detectivesca de la obra, los hechos bien pudieron haber ocurrido en las Bahamas o en alguna isla remota del Pacífico Sur. A pesar de la gravedad implícita del tema, el novelista salpica con notas de buen humor algunas de sus páginas cuando habla, por ejemplo, del “Cartel de Washington”. Es posible que el novelista hondureño se encuentre contagiado por algunas temáticas subyacentes de otros autores contemporáneos como Robert Ludlum, Arturo Pérez-Reverte y Luis Astorga, autor este último del libro nada literario “Drogas sin fronteras”. La intención ha sido más que buena y el trabajo de investigación envidiable. ¡Felicitaciones Ernesto Bondy!

El arquitecto José Luis Ulloa Mejía, sin ninguna experiencia previa en el género narrativo, publicó el año pasado cien ejemplares de su extraña novela “Con Tres Lados…y Más”. La misma está construida con la técnica de los diálogos didácticos de algunos escritores de comienzos del siglo diecinueve, pero con la intención de denunciar los más grandes problemas económicos, políticos y financieros de finales del siglo veinte y comienzos del veintiuno. Uno de los tantos señalamientos discursivos del escritor Ulloa (gracias a su rica erudición) es el tema de la famosa “Trilateral” financiera en donde se  han venido predeterminando los acontecimientos económicos mundiales, incluyendo los de la parroquiana y deshilachada República de Honduras.

Héctor Alfredo Martínez, con formación académica en Historia, ha decretado que su obra “El Crepúsculo de Marzo” sea una novela corta. Aunque nosotros leímos el manuscrito y percibimos que se trata más bien de un cuento largo, respetamos la perspectiva del autor. Es evidente que Héctor Martínez, aunque había publicado un par de cuentos cortos, a este “Crepúsculo de Marzo” situado en las coordenadas de Amapala, además de incorporarle un largo proceso de depuración gramatical, le inyectó toda su capacidad narrativa, sus lecturas previas y su versatilidad para pensar cosas hermosas que sólo se pueden soñar en las riberas infatigables de la Mar del Sur.

Comentarios

Un Comentario de “Tres novelistas hondureños”
  1. UN LECTOR dice:

    LEI EL CREPUSCULO DE MARZO Y ME PARECIO UNA NOVELITA MUY BONITA QUE A TRVES DE SUS PAGINAS SE VA DESENRROLLANDO PARA EL LECTOR LA HISTORIA DE ESE BELLO PUERTO DEL PACIFICO HONDUREÑO, DE LA MANO DEL PERSONAJE PRINCIPAL DE LA OBRA, CUANDO ESTE, TREINTA AÑOS DESPUES DE SU PARTIDA, VUELVE PARA MORIR EN SU LUGAR DE ORIGEN DURANTE EL CREPUSCULO DE MARZO.

 
 
 
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