Cinco mujeres campesinas rompen barreras para mejorar calidad de vida

* Despojándose de la timidez crean pequeña empresa de tajadas de plátano “Del Racimo”
* Dinero limpio, amasado con sudor y lágrimas
* Saladitas, crujientes y apetitosas, las tajaditas causaron sensación en exposición en Chile

Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela

Empaque del producto con todas las normas de higiene.

DANLI, El Paraíso.- Pocas veces se premia la excelencia y se brinda el merecido estímulo al buen empleado, al estudiante, al profesional honesto, al empresario que vino desde abajo, al periodista que no se ha contaminado con los halagos y dádivas de dineros mal habidos, al juez que ejerce justicia sin torcer la ley o la mujer que superó la ignorancia y rompió las barreras de la incomprensión y los malos tratos.

Esta clase de gente no figura en las páginas sociales de los diarios ni en los espacios televisivos dedicados al llamado mundo social, donde los corruptos ocupan los mejores espacios levantando la copa de coñac para brindar por su eterna felicidad en desmedro del pobre que lucha honradamente para sobrevivir.

En el campo, pueblos y ciudades hay gente emprendedora, dinámica y exigente que no se conformó a la mediocridad y supo forjar su propio destino sin padrinazgos y favores, no figuran en los cuadros políticos ni en las esferas del gobierno porque son honestos aunque para muchos no es meritorio porque sobresalen los que se consideran listos y atrevidos.
Cada vez que me encuentro con gente buena pienso que no todo está perdido; que somos más los buenos que los malos por lo que aún queda esperanza de rescatar a Honduras de tanta hediondez donde a los corruptos se les considera inteligentes y a los honestos tontos y pendejos.

FORJADORAS DE UN MEJOR DESTINO

“Del Racimo” tiene dos presentaciones, pequeño y el tamaño familiar.

En la provincia o el interior todavía no llega la malicia, aún se conservan valores, principios inculcados generación tras generación, hogares donde la disciplina continúa siendo la norma de conducta de familias que no se han contaminado con ese cáncer que se llama corrupción.

Hoy me he trasladado hasta el valle de Jamastrán a la comunidad de Quebrada Larga, para conocer de cerca un grupo de mujeres empresarias, cuya humildad no ha sido obstáculo para demostrar que el trabajo fecundo y honrado las dignifica y la ayuda a mejorar las condiciones de vida.

Entonces no todo está perdido porque entre la oscuridad hay muchas luces tenues pero con la capacidad de alumbrar y brillar como las estrellas del firmamento.  Aquí nos encontramos a Ena Becerra, Hilda Oliva, Reina Margarita Sosa, Hilda María Becerra y Delfa Sierra, integrantes del grupo “Nueva Esperanza” convertidas en microempresarias que no le tuvieron miedo a los retos, que se despojaron de la timidez y estuvieron dispuestas a doblar las espaldas para construir la pequeña empresa de tajadas de plátano verde, saladitas, crujientes y apetitosas, cuya patente comercial fue registrada con el nombre: “Del Racimo”, en otras palabras, le agregaron el valor al plátano cultivado en las vegas de las quebradas.

En la Costa Norte los plátanos de la mejor calidad son para exportación y la pirracha la consumen los pobres y también los ricos. Aquí en el valle y la montaña consumimos el plátano macho de la mejor calidad y ahora que lo industrializan y agregan el sabor sabe más delicioso.

MATERIA PRIMA CON VALOR AGREGADO

En la finca recolectan la fruta que más tarde es industrializado y luego enviado al mercado local.

Otra experiencia maravillosa es estar entre los racimos verdes, compartir con la gente las experiencias que les ha tocado vivir. Ver cómo el sudor recorre los rostros curtidos de esta gente buena que con sus manos limpias construyen el futuro de sus hijos.

Pero no sólo es vivir la experiencia entre los platanares, también vimos cómo las mujeres con destreza y habilidad pelan, lavan y cortan las tajaditas para luego introducir en los grandes sartenes para freír con aceite y el agregado de la sal para posteriormente empacar en la bolsa etiquetada con el nombre comercial “Del Racimo”, como efectivamente lo es, porque la materia prima llega a la pequeña fábrica recien cortada de la mata.

Conversamos con cuatro de las integrantes de la pequeña empresa para conocer los orígenes de las tajaditas de plátano verde. Todo comienza cuando el esposo de una de las empresarias sembró una finca de plátano que vendía en el mercado local pero el sobrante tenía que ser aprovechado y así Hilda pensó agregarle el valor vendiendo las tajaditas en la escuela.
A través de los técnicos del Proyecto de Desarrollo Rural (PRODERCO) las tajaditas salieron de la aldea a la ciudad para dar paso un 11 de noviembre del 2001 a la pequeña empresa con cinco socias.

En poco tiempo y con el apoyo de PRODERCO se instaló la pequeña planta, el INA las ayudó con la Personería Jurídica, después vendría el registro sanitario y el código de barras, el empaque y el sugestivo nombre “Del Racimo”, por cierto muy original y que ha pegado hasta el día de hoy.

MUNDO RURAL

Hilda Oliva, Delfa Sierra y Reina Margarita Sosa, accionistas de una microempresa floreciente.

Las empresarias han viajado en tres ocasiones para participar en la Expo Venta  Mundo Rural, celebrada en Santiago de Chile, donde dieron a conocer las tajaditas de plátano verde que fueron una verdadera sensación para los chilenos.
Cinco mujeres campesinas, amas de casa, con visión y talento que hoy tienen la oportunidad de competir trabajando desde las 4:00 de la mañana para satisfacer la demanda del mercado y por otro lado, alentando al productor local tanto de la comunidad como de la zona de Guambuco donde compran un promedio de 200 a 300 libras de plátano diariamente.
Una fuente de empleo permanente para hombres y mujeres de la aldea donde las oportunidades de trabajo se circunscriben a la temporada de granos o la siembra y recolección de tabaco.

Doña Delfa, originaria de San Marcos de Colón, llegó a la aldea desde hace varios años, desde su llegada tuvo que hacer los trabajos más rudos que mujer alguna ha hecho en la vida con la piocha y el azadón para darles el mejor ejemplo a sus hijos y hacer de ellos ciudadanos de bien.

Hoy es socia de la empresa, dice estar cansada a sus 60 años pero todavía le quedan fuerzas para seguir adelante junto a sus compañeras, unidas en un solo esfuerzo que comenzó hace 7 años hasta llegar a ser una empresa para exportar las crujientes, apetitosas y deliciosa tajaditas de plátano verde.

Gente como ellas engrandecen a Honduras y así como ellas hay tantas otras a lo largo y ancho del país y que nunca estarán en las páginas sociales de los diarios y que hoy LA TRIBUNA les rinde el estímulo que se merecen.

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