Fábulas hondureñas

Felipe Rivera Burgos

Los perros del señor Pavlov

Ciertos perros rusos, viendo que el señor Pavlov estaba obsesionado en darles de comer con una precisión cronológica, discutieron que era imposible que un hombre hiciera todos los días las mismas cosas a las mismas horas, y, para demostrarlo, vigilarían de cerca al señor Pavlov, quien –según todos opinaban– estaba cuerdo. Años después, viendo que los niveles de repetición en el señor Pavlov eran incompatibles con cualquier patrón racional de los seres humanos y luego que publicara en los periódicos una teoría indefendible sobre la conducta de los animales, los perros coincidieron en que el viejo se había vuelto loco, mostraba una obsesión patológica, y acordaron cuidarse de él y vomitar la comida que les daba.

El Camaleón que quería convertirse en espejista

Cuando el Camaleón se vio al espejo pensó que sin duda aquella criatura que se ocupaba de imitar todos sus ademanes y gestos adentro del cristal debía ser un animal tan inteligente y sensible como él, capaz de moverse con tanto acierto para complacer a todos los animales que se acercaban a aquella ventana mágica. Pensó que él mismo podría hacer ese trabajo. Pero cuando vio que el Sapo se acercó al espejo y el espejista lo imitaba de tal forma que nadie podría decir cuál de los dos era el Sapo verdadero, pensó que por mucho que él se esforzara no podría ejecutar esa maniobra, y estuvo triste mucho tiempo, jugando a imitar un tronco viejo.

El Hipopótamo que encontró la manera más fácil de obtenerlo todo

El Hipopótamo había intentado muchas veces escalar el Himalaya, realizar un viaje a la luna y conquistar a una hermosa ballena, pero, luego de los arduos preparativos de viaje, siempre se detenía al borde del pantano movido por una opresiva nostalgia, y desistía.
Y si ahora lo ven lanzar de absoluta quietud es porque encontró el modo de vivir todas las aventuras posibles e imposibles, ya que ahora se dedica a soñar. Dicen las urracas (pero ya se sabe que las urracas son amigas de las fábulas) que ahora el hipopótamo no sólo sueña los sueños de él, sino también se encarga de soñar los sueños de todos los animales, y que está construyendo una fábrica de sueños donde todos puedan ir a vivir extraordinarias aventuras felizmente recostados sobre la hierba, y así evitar peligros innecesarios y, lo que es mejor, sin la menor probabilidad de fracaso.

* Del libro de próxima aparición en el principio, la fábula

Comentarios

2 Comentarios de “Fábulas hondureñas”
  1. lilian dice:

    dar mas fabulas siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

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