Los puentes en Honduras

Mario Hernán Ramírez

Hasta antes de 1930 los puentes en Tegucigalpa eran escasos, sobresaliendo por su estructura y belleza el puente Mallol, cuya construcción se remonta a 1820. Los demás, pocos por cierto, que existían en esa época eran de construcción artesanal, rústicos, propios para carretas de bueyes o carruajes halados por caballos; esto era así por la poca afluencia de vehículos automotores, los cuales se contaban con los dedos de la mano.

En 1930, el doctor Vicente Mejía Colindres, concibió la idea de construir un puente similar al Mallol y fue así como se iniciaron los trabajos del hoy conocido puente Carías, mismo que en su momento, una vez inaugurado, se le conocía como el “puente azul patas coloradas”, porque las bases fueron levantadas en la administración liberal de Mejía Colindres y finalizada la plataforma y pasamanos en el gobierno de don Tiburcio. Ese puente era un verdadero orgullo de los capitalinos, dada la estructura arquitectónica con que fue levantado, con una belleza extraordinaria. El tiempo lo ha ido deteriorando y hoy día se presenta como una piltrafa, dado que las autoridades edilicias no se preocupan por tan emblemáticas arterias viales, las cuales carecen hasta de alumbrado público, constituyendo un peligro para quienes se atreven a cruzarlos una vez que la noche entra.

Hay un detalle muy bonito en cuanto a puentes se refiere, por ejemplo en el desaparecido puente Guacerique, allá por 1902, trabajó Juan Ramón Molina el eximinio poeta comayagüelense en su construcción; en 1935 el abogado y periodista, excelente narrador deportivo don Manuel Bonilla Rodríguez Herrera y Piedra Santa trabajó como ayudante de albañilería en el coloso puente Carías; allá en Choluteca en 1937, en el famoso y emblemático puente colgante de la Sultana del Sur, también trabajó el periodista Raúl Lanza Valeriano y finalmente en el primer puente Juan Ramón Molina, construido en la década de los 50´s, por el recordado ingeniero Roberto Domínguez Agurcia, trabajaron los intelectuales, poeta Roberto Sosa y dramaturgo Roberto Soto Robelo, como time keeper (tomadores de tiempo), detalle este muy significativo a estas alturas del siglo 21.

En Tegucigalpa antes de 1930, tal como lo indicamos líneas arriba, apenas existían unos cuatro o cinco puentes, por supuesto el de mayor importancia siempre ha sido el Mallol, pero también rústicamente construido estaba el puente Guacerique, de igual manera el de La Isla, y similarmente el que une El Guanacaste con la Avenida La Paz y pare usted de contar; sin embargo, hoy día la ciudad está cruzada y más de cincuenta puentes unen a ambas comunidades por diferentes ámbitos, siendo Tegucigalpa y su gemela Comayagüela una de las urbes con mayor cantidad de puentes, por lo menos en América Latina, ya que en Europa para solo citar el puerto de Hamburgo en Alemania, son más de dos mil puentes los que cruzan esa metrópoli, que fue asediada brutalmente por los aliados durante la II Guerra Mundial.

Algunos puentes de Tegucigalpa fueron destruidos por el tristemente célebre Mitch, como es el caso del Juan Ramón Molina, cuya reconstrucción se debe al generoso apoyo del pueblo y gobierno japonés y hoy luce imponente. Otro puente majestuoso es el Estocolmo cuya estructura es única en el país y orgullosamente se levanta, constituyendo una pieza de enorme importancia para la capital de la República.

Fuera de Tegucigalpa hay otros puentes también majestuosos, como el construido en Choluteca también por la misión japonesa que es el más largo de toda la República, cuya construcción alcanza casi un kilómetro. Allá por la costa norte en la administración Villeda Morales, se erigió el puente La Democracia, siendo técnicos franceses quienes estuvieron a cargo de la obra y no fue sino un sismo de grandes proporciones el que arruinó la gigantesca obra, que también dañó a su gemelo levantado por la cooperación japonesa.

Y así, sucesivamente hay una gran cantidad de puentes de enorme utilidad para los viajeros que recorren el país en vías de trabajo o de turismo, por lo que con el aumento diario del flujo vehicular se hace necesaria la construcción de nuevos puentes, con verdadera solidez estructural, para no caer en la ineficacia del puente Los Amates, en la frontera con El Salvador, que con la primera tormenta se vino abajo.

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