DON JULIO LOZANO DIAZ, PRESIDENTE Y JEFE DE ESTADO

Lucas Paredes
“Debemos elevarnos por sobre nuestras pasiones políticas, formar un solo haz de voluntades y, serenamente, buscar el camino de las rectificaciones honorables. Julio Lozano D.

Don Julio Lozano Díaz, presidente Constitucional: 16 de noviembre a 5 de diciembre de 1954; Jefe de Estado: 6 de diciembre de 1954 a 21 de octubre de 1956.

Don Julio Lozano Díaz, en Honduras, era uno de los hombres que en el escalafón del servicio administrativo, ocupó casi todas las posiciones burocráticas exceptuando las del ramo de educación pública. De joven se inició prestando sus servicios en el ramo de Hacienda. Y en esa línea ascendió sirviendo ora como Administrador de Rentas, ya como Administrador de Aduana, sub-secretario y después secretario de estado en el despacho de Hacienda y Crédito Público. También desempeñó las Carteras de Relaciones Exteriores, Gobernación, Justicia, Sanidad y Beneficencia Pública, Fomento, Agricultura y Trabajo. En el servicio diplomático, cumplió misiones importantes siendo Embajador en Washington. En las elecciones para Autoridades Supremas practicadas el 10 de octubre de 1948, resultó electo vicepresidente de la República en la fórmula que encabezó el doctor Juan Manuel Gálvez.

Al depositar el presidente Gálvez el Mando Supremo de la Nación en el Consejo de Ministros la tarde del 15 de noviembre de 1954, al día siguiente, 16, el señor Lozano Díaz se convirtió en Presidente de la República, por ministerio de Ley, gobernando de acuerdo con la constitución en vigencia hasta el día 5 de diciembre a las 12 de la noche, cuando quedó roto el orden constitucional por no haberse instalado en esa fecha, el Congreso Nacional. Don Julio, de Presidente de la República, se convirtió en Jefe Supremo de Estado asumiendo todos los poderes.

Entre el 16 de noviembre y el 5 de diciembre, se hacían ya los preparativos para la instalación de la nueva legislatura que tenía que conocer el resultado de las elecciones practicadas el 10 de octubre y, con este resu7ltado declarar electo al Presidente de la República. El problema para don Julio, no era del todo suave. Comprendía la seriedad de la situación conociendo los rumores que circulaban en los círculos políticos. Tres partidos, cada uno con su candidato, habían ido a las urnas. Los tres habían obtenido diputados que concurrirían a la Asamblea Legislativa al instalarse aquella en sesiones preparatorias el 1° de diciembre. El panorama no era el mejor.

Aunque el Partido Liberal había obtenido una victoria resonante, se alegó que no había obtenido la mayoría absoluta fijada por la constitución política. Y por consiguiente, que sería el congreso nacional el llamado a hacer la elección del Presidente de la República.

Las maniobras políticas se pusieron en juego. El Partido Nacional había ido dividido a las urnas. Buscaban entonces entendimientos aquellas dos facciones del nacionalismo a fin de unificar su representación para hacer frente en la cámara, a la diputación del Partido Liberal.

Los dirigentes del liberalismo comprendieron luego que tenían que emplear inteligencia y sagacidad en sus combinaciones políticas si querían llegar al poder. Por consiguiente, desplegaron la mayor actividad y demostraron el mayor desprendimiento. Entablaron pláticas de buen entendimiento para una alianza o pacto, ya con los reformistas, ya con los cariístas. Y sus ofrecimientos fueron amplios, quizás más que aquellos hechos al doctor Juan Angel Arias en 1924 por el nacionalismo para solucionar el complicado problema político creado en aquel congreso sectarista después de las elecciones de 1923. Esta vez, el liberalismo villedista ofrecía más del 50% de participación en el gobierno, a cambio de obtener el apoyo en su favor al momento de reconocer la elección de Presidente de la República a su candidato doctor Ramón Villeda Morales.

Se dijo entonces que más de un miembro en el consejo ejecutivo del reformismo se mostraba simpatizante a entrar en arreglo con el villedismo antes de llegar a una alianza con el cariísmo. Hasta allí había llegado de profunda la división entre las dos alas del nacionalismo.

Las maniobras de los dirigentes liberales villedistas eran inteligentes y audaces. Prometían. Pero ¿logrado su propósito, estarían honradamente dispuestos a cumplir sus compromisos? Fue precisamente esta interrogantes lo que sirvió de base en sus argumentos a otro miembros en el consejo ejecutivo del reformismo al estudiar y discutir las proposiciones del villedismo, y exponiendo razones de gran peso logró convencer a los partidarios de un entendido con el villedismo, que una alianza o pacto de tal naturaleza no era lo más aconsejado ni político, debilitándose así, la inclinación que se prevalecía favorable para entrar en componendas que a lo largo en el tiempo, resentirían siempre sus auspiciadores. Frustrando aquel probable arreglo se evitó también la posibilidad de una guerra civil al mismo tiempo que se hizo viable la reforma constitucional tan necesaria para que el país en lo futuro pueda desenvolverse en el orden del progreso como en el logro de las grandes conquistas sociales que tanto urgen y precisan.

Al Partido Liberal le fue burlada su victoria comicial del 10 de octubre de 1954 mediante hábiles juegos políticos. Conociéndose el resultado de las elecciones, al instalarse el Congreso éste declararía electo Presidente de la República al doctor Villeda Morales. Para ello, las dos alas del Nacionalismo se abstuvieron de concurrir a su instalación para que se rompiera el orden constitucional.

El ala reformista sabía que concurriendo a las sesiones sin haber aceptado las proposiciones del villedismo, no votarían por éste, mientras que no concurrieron a las sesiones se llegaría indudablemente a un impasse sin declarar electo el Presidente de la República. Y una vez vencido el tiempo señalado por la Constitución para hacer la declaratoria, tocaba a la Corte Suprema de Justicia por Ley tal designación, y siendo ésta eminentemente caristia, el lógico electo iba a ser el general Carías.

No concurriendo el reformismo a las sesiones en que se verificaría la elección del Presidente, el ala caristia quedaba frente a la representación del liberalismo villedista, y entonces, la elección del doctor Villeda Morales era también un hecho. La abstención pues, de las dos alas nacionalistas, era el camino de evitar que Villeda Morales fuera el Presidente, y el camino también que hacía seguro el advenimiento de la dictadura.

Cuando los electos diputados liberales se presentaron con sus credenciales el día 1° de diciembre para ser incorporados, habiendo celebrado la primera sesión preparatoria sin que asistiera uno tan solo de los diputados del nacionalismo, comprendieron que si los nacionalistas mantenían semejante actitud, se llegaría al 5 de diciembre y el Congreso Nacional no serían instalado. La República quedaría sin Constitución. Pero los diputados liberales continuaron celebrando sesiones preparatorias en la esperanza de que habría sin Constitución. Pero los diputados liberales continuaron celebrando sesiones preparatorias en la esperanza de que habría un reconsideración de parte de los nacionalistas para ahorrarle a la República la desgracia que sobre ella se cernía. La espera fue larga y penosa. El 5 de diciembre, sin la asistencia de los representantes del nacionalismo, los diputados liberales eligieron el Directorio, acordando constituirse en sesión permanente hasta que llegaran sus colegas, ya para demostrar que no perdían aquella esperanza, ya para dejar constancia ante la Historia de que el Partido Liberal era leal y patriota a la constitucionalidad de la República, o ya buscando indulgencias por los errores del pasado como el de 1924, cuando el Partido Liberal en el poder, dividido, auspició a dos candidatos a la Presidencia de la República del mismo partido imperante cuya intransigencia y ambición produjo el rompimiento del orden constitucional en 1924.

El día 5 de diciembre fue pues, día de gran expectación. Los diputados liberales ocuparon sus curules en la Cámara, se dio posesión al Directorio elegido; acto continuo, los parlamentarios presente hicieron gala de su exuberante patriotismo. Se habló en aquella ocasión de las virtudes cívicas, de los aferrados principios democráticos, de los reiterados sacrificios en bien de la Patria tantas veces puestos a prueba por el liberalismo, siempre en aras de la Libertad, del Derecho, de la Paz, del Progreso, de la Constitucionalidad y grandeza de la Patria. El enardecimiento, la fogosidad y el momento era propicio para echar en olvido pasados errores, ignominiosas jornadas que todavía por no ser tan lejano el ayer en que tuvieron por teatro nuestro ensangrentado suelo, conmueven el alma del pueblo hondureño. Aquellos discursos se prolongaron a lo largo de todo el día hasta el filo de la media noche del 5, cuando pasadas las doce, el hasta ese día Presidente de la República por depósito, don Julio Lozano Díaz, se convertía en Jefe Supremo de Estado.

Los veintiséis diputados liberales abandonaron el recinto del que hasta en aquel momento era la Augusta Cámara Legislativa, convencidos de que la espera había sido infructuosa y que todo estaba concluido. Al abandonar el salón de sesiones, tras el último de aquellos ciudadanos se cerraba la constitucionalidad de la República para entrar en otra de sus noches de tragedia.

Es un hecho sin dudas que las gestiones y pláticas entre los representantes de las dos alas nacionalistas, buscaban una honorable solución al problema político planteado, y evitar el rompimiento del orden constitucional. Pero las divergencias y el empecinamiento entre ambos sectores era en verdad insalvable. La actitud desconfiada y de manifiesto resentimiento del sector reformista, tenía por base la inflamada campaña durante el debate electoral de 1954, lapso en el que la prensa caristia recriminó y fustigó sin miramiento a los afiliados al reformismo, repitiéndoles a diario que eran desagradecidos y traidores, rebeldes e indisciplinados.

Se discutía un plan y otro y no se llegaba a entendimiento alguno. La posición del reformismo era inaccesible. La del cariísmo por consiguiente. En las elecciones del 10 de octubre, el Movimiento Nacional Reformista apenas sacó triunfante el diputado por Islas de la Bahía. Después que las juntas Electorales departamentales conocieron de aquellas elecciones para el efecto de las consabidas credenciales, el reformismo contaba ya con 12 diputados., Y de partido vencido, se convirtió en el vencedor, pues en sus manos estaba decir quién debería ser el futuro Presidente de la República. Se ha dicho ya que el liberalismo villedista hizo halagadoras proposiciones al reformismo a fin de obtener un apoyo en la elección del Presidente. Sin aceptarlas, éstos tampoco estaban resueltos a decidirse en resolver que el Presidente fuera el general Carías. Amenazó entonces el Movimiento Reformista aliarse al liberalismo a fin de lograr que los diputados caristias no concurrieran a las sesiones preparatorias y a la instalación del Congreso Nacional el 5 de diciembre. Convencido el general Carías que aquella determinación era firme, no le quedó otra alternativa que ceder y cediendo, advino la dictadura.

Las horas que antecedieron al momento en que la República entraba en su larga noche de angustia, fueron agitadas, confusas e inciertas. El minoritario grupo de diputados del reformismo era la clave. Se sometía el cariísmo en su determinación, o era Presidente de la República el doctor Villeda Morales. Es así como don Julio Lozano D., hasta en aquellos momentos Presidente de la República asumió todos los poderes del Estado pasadas las 12 del 5 de diciembre de 1954. Cabe esclarecer, en beneficio de los representantes del reformismo que su actitud en aquellos últimos momentos obedeció a ciertas razones: una, evitar las posibilidades de la guerra civil, y obtener del señor Lozano la promesa de formar un Gobierno de Concentración Nacional, ya que en aquellos precisos momentos Lozano era el hondureño señalado por el destino para realizar tan hermoso ideal. Y esta es la exigencia de mayor envergadura que puso sobre la mesa de las discusiones el reformismo en su aporte a la solución del problema político cuando el calendario se acercaba al 5 de diciembre de 1954.1

Tan pronto pasaron las doce de la noche del 5 de diciembre, el ya investido Jefe Supremo de Estado hizo conocer al pueblo hondureño que “como hondureño que ama de verdad a su Patria”, formaría un gobierno de Unidad Nacional donde todos los partidos tendrían igual oportunidad de probar su desinterés y deseo de cooperar al bien de la grandeza de la Patria”, diciendo firmemente: “Mi mayor felicidad sería salvar a la República, aunque en esa empresa pueda yo perecer”. Agregando: “Nadie podrá afirmar honradamente que yo he creado o buscado esta difícil situación. Ni siquiera la he deseado. El Congreso Nacional debía instalarse constitucionalmente el 5 de diciembre, sin que pueda culparse al Ejecutivo de intervención. Aquel Alto Cuerpo no se instaló y esto ha traído consigo el rompimiento del orden constitucional”.

El señor Lozano al pronunciar estas palabras de inmediato olvidó que la Historia, serena, justa e imparcial, enjuicia sin odios, rencores, ni pasiones a los hombres y sus actos. Honradamente la Historia tendrá que disentir siempre en honor a la verdad sobre lo antes expresado.

Como Presidente de la República era el deber del señor Lozano agotar toda gestión, toda su intervención para evitar que se rompiera el orden constitucional. ¿Y cuáles fueron sus gestiones cerca de los dirigentes políticos del liberalismo, del cariísmo o del reformismo? ¿Dónde su intervención buscando el mejor arreglo al problema? Ningún documento existe como prueba que exima al gobernante de su patriótica gestión en tal sentido. Y como hombre de gran responsabilidad por su alta investidura, como hondureño amante de su Patria, como ciudadano honrado cuyo prestigio de tal le había elevado a posición tan cimera, debió, en un último minuto, hacer público su propósito al pueblo hondureño de que si los partidos militantes y en pugna por el poder no encontraban la solución más patriótica y benéfica al país en el problema de la sucesión presidencial, haría entrega del mando Supremo de acuerdo con la Constitución a quien correspondiera, y retirarse tranquilo para recibir el homenaje de la ciudadanía por su gallarda como valiente postura. Pero prefirió perecer en la empresa no para salvar a la República, tristemente equivocado, sin fama y sin gloria, estigmatizado por sus adversarios, porque es el precio que pagan los que en sus intenciones o propósitos se equivocan.

1 BASES DEL ARREGLO VERBAL CONFORME AL CUAL SE LLEVÓ A CABO EL ENTENDIMIENTO REFORMISTA-NACIONALISTA EN 1954, PARA EVITAR LA GUERRA CIVIL EN HONDURAS Y DAR VIDA A UN GOBIERNO DE UNIDAD NACIONAL.

I.-El gobernante que surja de la ruptura del orden constitucional deberá gozar de absoluta libertad para organizar su gobierno y especialmente su gabinete.

II.-Tanto los diputados nacionalistas como los reformistas no asistirán a la sesión del 5 de diciembre, en la cual debería instalarse constitucionalmente el Congreso Nacional. Tampoco asistirán a las sesiones preparatorias.

III.-Organización de un Consejo Consultivo, el cual estará integrado con los diputados liberales, nacionalistas y reformistas electos el 10 de octubre de 1954.

IV.-El Partido Nacional y el Movimiento Nacional Reformista deberán unificarse para presentar un frente unido al Partido Liberal y evitar así la guerra civil en el país.

V.-El Partido Nacional y el Movimiento Nacional Reformista presentarán un solo frente para la elección de la Constituyente que deba elegirse y unificarán criterios para la reforma constitucional.

Comentarios

2 Comentarios de “DON JULIO LOZANO DIAZ, PRESIDENTE Y JEFE DE ESTADO”
  1. Cruz Rodriguez dice:

    Un hombre como el necesitamos en estos tiempos, muy honrado.

  2. F. Morazán dice:

    Patriota verdadero. Gran caballero. Gigante traicionado por enanos.

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