La DEI víctima de los arrebatos políticos

Recientemente leía en este mismo  medio de comunicación las fuertes acusaciones de un ciudadano hondureño de nombre Toño Flores,  hacia el nuevo cobrador de impuestos del Estado, Enrique Castellón…, quisiera hacer una reflexión muy particular al respecto.

En primer lugar debemos ponernos de acuerdo sobre cual es realmente la falla del país en materia fiscal y cuáles son los efectos cuando nos rehusamos como sociedad a los cambios estructurales en una administración tributaria.

Las decisiones de Castellón en la DEI en  despedir a seis empleadas han causado sipe y sape. Y si nos preguntamos ¿Por qué fueron despedidas? encontraríamos varias respuestas.

Es importante tener claro dos cosas; pririmero: que los principales problemas económicos de Honduras se resumen en la pobreza, la falta de empleo, los bajos ingresos de los hogares, el gasto público, y el alto índice de corrupción,  delincuencia y criminalidad.

Lo segundo se deriva de lo anterior,  y es que la DEI ya no puede seguir operando como una chequera de los políticos,  es la caja fuerte de la nación donde celosamente  debe cuidarse como dice Castellón.

Los ingresos fiscales no pueden ser utilizados para financiar campañas de candidatos de una corriente o de otra, sea esta de cualquier distingo o color político.

Si queremos buscar culpables de todos los males que nos aquejan pues digamos que la Dirección Ejecutiva de Ingresos  es injusta, complicada, y que no posibilita un ambiente favorable para la creación de riqueza, fuentes de trabajo  y de la cooperación de los contribuyentes.

¿Será que Honduras  necesita una DEI  que acabe con las injusticias?

¿Cómo  entender que el pleito de Ricardo Alvares por defender a sus correligionarios es válido?, ¿Porque  en Castellón,  permanece tan inmutable el hecho de  que la DEI puede operar con tan solo 1500 empleados y no 4000 como actualmente está?

Castellón,  tienen que luchar fuertemente porque sin esa lucha,  no amplía la base de contribuyentes, no reduce la evasión, no recauda más impuestos,  no cumple con las metas propuestas, y permanece inmutable el hecho que los hondureños cada día se hagan más pobres y los políticos se hagan más ricos.

En todas partes del mundo el costo de la recaudación tiene un precio, unos pagan más y otros pagan menos, aquí radica lo que decía mi sabia madre,  que los hondureños quieren más y los políticos quieren más pero en general ninguno se merece lo que tiene.

A la par del pleito de Ricardo y Castellón, existen diferencias sociales bien marcadas y que la sociedad le toca vivir día a día, bueno  solo son diferencias de clase nada más.

El empleado eficiente y con mucha experiencia de la DEI,  gana un salario promedio entre 12 y 15 mil  lempiras, dinero que hoy día solo le ajusta para la  alimentación de su familia y cubrir algunas de sus emergencias.

El empleado por tercería de la DEI,  es decir aquel que fue contratado por cosas de políticos, gana como mínimo 20,000 lempiras, no gasta nada porque en el salario le incluye dietas y otras bondades que los políticos saben dar.

Este pleito buenos lectores,  ha logrado sacar de quicio a muchos, pero no han logrado nada de nada, pues no se necesitan más dedos señalando el problema, sino más manos construyendo Honduras.
Las declaraciones de Ricardo Alvares  solo han logrado ponerlo en evidencia para que quiera a la DEI y porque quiere arroparse siempre con esa cobija.

Dejémonos de prestar al adefesio más penoso y grande de la vida que es la guerra, amar la guerra con todos sus horrores es amar al diablo y tener pacto con él, en el infierno. Siempre van haber personas y medios  que animan la guerra, pero ni ellos ni sus hijos prestan el servicio militar o participan en ella.

Basta de pleitos, mejor pónganse a trabajar cada uno en sus actividades encomendadas que son pagando y cobrando impuestos.

Con el  pleito mediático solo quieren hacernos creer que existe igualdad social, y que unos tienen que vivir con lujos y otros deben vivir arrancados y que para que haya un rico debe haber 3 pobres cuando menos.

María de Jesús Paz
Tegucigalpa, M.D.C.

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