COSTAL

15 febrero, 2012 Sección Editorial

ESO de echar a todos los que se van del equipo administrativo -unos que renuncian, otros que despiden, otros que los obligan a que se vayan- en el mismo costal no es equitativo. Cuando se quitan colaboradores de la administración pública debería ser por causas justificadas que ameriten esas remociones. De ser posible, las razones debieran comunicarse para que el amable público las conozca. Si hay una voluntad de transparencia en la información, deberían empezar por eso. De lo contrario queda una nebulosa en el ambiente que no es saludable.

No se sabe si fulano se fue porque ya no puede con el dulce; cansado de lidiar con los enrevesados problemas burocráticos; o mengano porque tiene en su despacho un conflicto de autoridad que no ha podido resolver y los subalternos se desmangan sin hacerle caso; o zutano porque ha sido protagonista de un escándalo que empaña la imagen del gobierno; o perencejo porque por fin decidió no seguir fingiendo que desatiende sus tareas como servidor público por pasar en otros menesteres y ahora va a dedicarse de lleno a la política. O bien podría ser sencillamente porque el funcionario perdió la confianza del mandatario, o porque no sale lo suficiente a defender al régimen, o porque se dejó meter goles de subalternos o de asesores, por “boca abierta”, o porque él mismo calculó los tiros al marco creyendo que nadie se daría cuenta, o porque no encaja en el nuevo proyecto político que están armando, o porque no dio bola como se esperaba, o porque se cansó a medio palo y ya no da el ancho, o porque le resulta mejor al director técnico cambiar varios jugadores a la mitad del partido.

Cualesquiera que sean las razones, el titular del Ejecutivo tiene derecho a trabajar con colaboradores con los que se sienta a gusto. Pero los que se van -algunos de ellos- también tienen su propia imagen que cuidar. Algunos hasta gozan de prestigio profesional o personal y no les ha de gustar caer en la misma canasta con los desacreditados y los incapaces. Digamos, solo a manera de ejemplo, en términos generales, el hasta hace unas horas ministro de Finanzas -hasta donde nosotros sepamos- ha sido un profesional competente. No es la primera vez que es llamado a ocupar funciones en la administración pública, precisamente por su experiencia y conocimiento de las finanzas. Quizás no sea la persona más dadivosa -incluso tiene fama de agarrado- pero en esos lugares se ocupa gente que cuide los pocos centavos que le caen al fisco. Cuando se navega en aguas turbulentas, los víveres no hay que desperdiciarlos. Tiene sus simpatías partidarias, pero no es político. Preferible un técnico que conozca y maneje bien los números a uno que oriente las transferencias y los recursos con fines políticos. A no ser que esa sea la razón por lo que lo están cambiando.

Por lo anterior, decíamos, se ocupan aclaraciones. Ha de ser incómodo para un Presidente decidir sobre esos cambios. Se trata de gente amiga -bien en lo personal o en lo político- muchos de los cuales al final van a agradecer menos que los hayan llamado y van a acordarse más de cómo salieron.

No todos se retiran agradecidos porque les dieron la oportunidad de servir. Incluso hay quienes creen que ese derecho es ganado. Aunque para muchos activistas políticos, cuando aparecen integrando el gabinete ministerial, es la primera vez que les ven las caras. El mal gusto de la retirada -sobre todo cuando esta es en medio de una nebulosa indescifrable- siempre queda en el paladar. Pero ese no es el lado dulce del poder. Es la parte incómoda de mandar.

VELO

14 febrero, 2012 Sección Editorial

DOS expertos que trajeron las cámaras de turismo a impartir charlas, exministros de Turismo -uno de Guatemala y el otro en Costa Rica- dijeron sentirse impactados por la excesiva imagen de inseguridad que Honduras proyecta a las demás naciones del mundo. Uno de ellos dijo “que los medios de comunicación comparten una cuota de culpa debido a una excesiva difusión de noticias negativas” y el abuso de la nota roja. Recomendaron crear un comité permanente que brinde respuesta inmediata a las noticias negativas que ocurren en el territorio nacional y que haga prevalecer las noticias positivas.

Digamos, que la percepción de lo malo que el país genera en el exterior está sobredimensionada. Pues bien, los medios no son, ni más ni menos, que un espejo de la sociedad que tenemos y el reflejo de la realidad que se vive. Para modificar la percepción, lo primero que habría que hacer es cambiar drásticamente la realidad. Y esos cambios, es a tantos otros que corresponde hacerlos. Si la propuesta es que los medios oculten lo que sucede a diario, para que afuera haya una mejor impresión, dudamos que disfrazando la cruda e ingrata realidad vaya a mejorar mucho la imagen.

Gran parte de las noticias que se leen en el exterior se transmiten por internet. Los turistas, afuera, no pasan sintonizados a las radios locales o hipnotizados con los programas de televisión domésticos o leyendo los periódicos nacionales. Y aunque estos se propusieran esconder las noticias negativas y solo transmitir y publicar cuentos de camino real, ello en nada cambiaría la tremenda inseguridad que mantiene en vilo a la población entera, ni evitaría que se cometan las decenas de crímenes y de terribles asesinatos que ocurren a diario. Más daño hace al país la partida de los cuerpos de paz que cualquier foto o titular que salga en un periódico.

Para arreglar eso se ocupan de otros empeños que escapan las posibilidades que los medios tienen en su tarea de orientar a la opinión pública y transmitir noticias. No se tapa un cuadro doloroso y complicado poniéndole encima un velo artificial. Ahora bien, aceptemos que debe manejarse con mayor cuidado la nota roja. Pero la prensa tiene, además del deber de informar, una obligación social que cumplir, denunciando lo que sucede y recordándole a la sociedad, como al gobierno, la angustia que se sufre en las calles cada día. Luchar para que eso se corrija, presionar para que la autoridad actúe. Producir noticias bonitas que gusten a los turistas en el extranjero, entonces, depende de cambiar la realidad. Pero, además, que el gobierno informe de lo bueno que hace. Que su estrategia de comunicación sea efectiva para que trascienda. Porque no pueden difundirse cosas inexistentes. Deben de ser realidades sobre las que informa. De progresos, de avances, de cambios significativos que se estén haciendo.

Los medios tienen sus espacios abiertos a las buenas noticias. Si las hubiere, y si hay afán de comunicarlas y ánimo suficiente de transmitirlas. Pero con funcionarios mudos, esquivos y recelosos -con trotamundos que pasan más afuera que adentro- no es mucho lo positivo que trascienda. Por mucho intento que haya de barnizar la mala imagen. Aquí en LA TRIBUNA, como ejemplo, publicamos unos fascículos de Nuestro Orgullo, buscando promover localmente y para conocimiento externo, nuestras riquezas nacionales -el orgullo de lo nuestro- el patrimonio natural, cultural, étnico, histórico y turístico. Y cuesta interesar al gobierno y a la iniciativa privada en el patrocinio de esas iniciativas. No hemos logrado, que la Secretaría de Cultura o la de Turismo o la de Educación se interesen en el proyecto. Pero aún así, junto con otra diversidad de publicaciones, que hablan positivo de lo nuestro, de lo valioso que tenemos y de las cosas buenas que hacemos, editamos anualmente estas revistas con modestas contribuciones y patrocinios. Así como, conjuntamente Canal 10 y LA TRIBUNA, impulsan el proyecto Done un Aula, el más grande proyecto educativo de responsabilidad social en el país. Coincidimos pues, que debe divulgarse información que enaltezca la imagen nacional y exalte la grandeza del país. Que cada cual, entonces, contribuya con la parte que le corresponde.

REVENTAR

13 febrero, 2012 Sección Editorial

EL Papa FMI y sus tías las “Zanatas” -como diría Marco Antonio Rosa- estuvieron aquí en Tegucigalpa para contar las costillas al gobierno, camino a la negociación de un nuevo acuerdo. El ministro de Finanzas aclaró que esta vez la administración no quiere un acuerdo de largo plazo sino uno por 18 meses. O sea, de aquí hasta que termine la presente gestión administrativa. Dijimos que esa posición de las autoridades hondureñas es la más acertada, ya que, por lo general, de nada sirve dejar un acuerdo cuya vigencia trascienda el período presidencial, ya que el gobierno entrante, siempre quiere fijar sus propias prioridades, aparte que le pica la tentación de echar la culpa, por todo lo que encuentra complicado y le cuesta resolver, a sus antecesores. Así que lo mejor sería que los nuevos inquilinos de la Casa de Gobierno -cuando en 2 años los actuales concluyan su período- se sienten nuevamente con el FMI a negociar su propio acuerdo conforme a sus prioridades y necesidades.

De todas maneras, el comunicado de prensa que dejó la misión que estuvo de visita, desembuchó que varias metas del acuerdo anterior no se cumplieron. Si fallaron en la primera tanda, con mayor razón para que lo hagan en la segunda mitad, sobre todo ahora que viene la etapa política. Revelaron que, si bien se mantuvo al hilo la inflación, y hubo avance en el programa de reformas estructurales -particularmente en las áreas de pensiones en el sector público, tributación y educación- el déficit del gobierno central fue mayor a lo esperado. Tampoco se alcanzaron las metas acordadas sobre el nivel de reservas internacionales. Sobre las justificaciones de estos incumplimientos las opiniones van a ser encontradas. Unos dirán que el problema del déficit tiene que ver con la falta de ingresos fiscales. Sin embargo, este gobierno ha metido impuestos, ajustes, cargas -“tazones”, “tacitas”, “pocillos” para completar todo el juego de la loza -en su afán por incrementar sus ingresos. El problema es que en la medida que lo hace, deprime más al “barril sin fondo”, ello es, al sector productivo, a las empresas, los comercios, las industrias, que ya están bastante lastimados.

Mientras la iniciativa privada siga postrada, no habrá generación de empleos y el batallón de desocupados continuará engrosándose. Y obviamente, como el “barril sin fondo” está tan amolado, sin las medidas de estímulo para la reactivación económica, por mucho que lo carguen ello solo tendrá el efecto de incrementar más los costos que ya son altos, reduciendo la renta gravable de las empresas y de las personas. Los que no pierden ganan muy poco. Y cuando no hay ganancias, el rendimiento de los tributos -por duro que sea el sopapo–es menor. La otra parte del déficit es el gasto público. No es un secreto que el gobierno gasta y gasta, sin que haya política de austeridad o de ahorro que lo contenga. Las recientes declaraciones del tesorero general, revelando que la tesorería está en lipidia, es una confirmación de este drenaje. Cualquiera que gaste por encima de sus posibilidades de ingreso, va a terminar enjaranado, hasta llegar al punto de reventar la tarjeta de crédito y no va a tener cómo sostener el derroche. Si el gobierno fuera un ciudadano común y corriente ya ratos que lo tendrían topado -y su crédito hecho añicos- en la Central de Riesgos.

Ahora bien, dicho lo anterior, no hay razón por la cual el FMI no le conceda al país un nuevo acuerdo. Considerando que nada dijeron por el  manejo errático de las finanzas de la pasada administración -cuando operaron sin presupuesto y sin que se supiera en qué otros menesteres gastaron los dineros de reducción de la pobreza- si fueron tan flexibles y tolerantes entonces, ahora que hay una verdadera crisis mundial -todavía se sienten las réplicas del descalabro financiero, del desmoronamiento del mercado norteamericano y de la propia crisis interna que sufrimos cuando el país quedó aislado del mundo- tienen que ser mucho más considerados todavía.

VIEJAS SUGERENCIAS

12 febrero, 2012 Sección Editorial

PARA nadie es un secreto que Honduras ha vivido, en los últimos ciclos temporales, bajo el suplicio de una ola de violencia que ha alcanzado índices continentales de perplejidad, convirtiéndose en un problema cancerígeno. Pero cada vez que intentamos abordar el asunto tenemos a flor de labio la respuesta facilona que se aleja de las visiones integrales edificadoras; o que se emparentan con antiguos problemas atávicos. Sin embargo, durante varios años mucha gente ha venido ofreciendo sugerencias desinteresadas sobre el asunto y nadie le ha prestado atención. Algunas de las propuestas innovadoras de hoy en día, ya habían salido de la boca y de la pluma de muchos hondureños anónimos, de algunos líderes, de escritores o de grupos de sociedad civil. Desde entonces, y dentro de las perspectivas de una estrategia global, se ha propuesto, permanentemente, el concepto de “seguridad integral”, con una visión histórica, económica, sociológica y humanística de corto, mediano y largo plazos.

En cierto modo estas cosas son añejas. Con algunos intervalos históricos Honduras ha sido un país extremadamente sangriento, en casi todo el siglo diecinueve como en las primeras tres décadas del veinte. La pequeña diferencia es que en aquellos tiempos los guerreros y forajidos “justificaban” las guerras, las escaramuzas y los constantes asaltos en los caminos reales, con banderillas ideológico-políticas manipulando a veces conceptos más o menos modernizantes; aparentemente universales. Un historiador imparcial buscaría las pistas del fenómeno en los perfiles psiquiátricos, las megalomanías rurales, la ausencia de valores morales, algunas pocas virtudes y las miserias económicas que se escondían detrás de las banderillas ideológicas de los guerreros y forajidos de aquellos aciagos días.

La misma vocación por la muerte que prevaleció durante casi todo el siglo diecinueve, ha reaparecido a finales del veinte y comienzos del veintiuno, sin aparentes justificaciones y sin ninguna banderilla comprobada, por lo menos hasta ahora. Pues de lo que se trata es de la compleja dinámica del odio de individuos que manejan a los muchachos que subsisten en los bordes de la extrema pobreza, y que desean matarse entre ellos mismos y vengarse del resto de la sociedad. Desde luego que otro factor subyacente de la violencia hondureña se liga con el simple mecanismo del “alto” negocio nacional e internacional, en donde se asesina a los competidores que se mueven en los mismos territorios peleados de la ilegalidad.

La coincidencia, sin embargo, de casi todos los violentos, es que carecen del principio de pertenencia humana, porque ignoran el sentido de la vida y la belleza de lo fraterno.

Uno de los problemas ligados a las viejas y nuevas propuestas, es que se han ignorado las causas reales y originarias de la violencia, incubadas en la extrema miseria de nuestro pueblo, cuya circunstancia ha sido aprovechada por los malignos, añadiendo nuevos conflictos a los problemas estructurales. En vez de escuchar atentamente los clamores sicológicos y económicos de las personas, se ha sido glacial o indiferente con el dolor de los demás. Razón por la cual estamos cosechando, ahora mismo, las tempestades que sembraron aquellos que directa o indirectamente postergaron las tempranas soluciones. De aquí podría derivar la conclusión que se debe poner oído atento a las sugerencias de los más humildes.
(05 de febrero del año 2012).

TORTUGA RENCA

11 febrero, 2012 Sección Editorial

POR lo menos son francos en no intentar esconder las cosas, como suele ocurrir dentro de la administración pública que busca tapar lo que no le favorece. Eso de no ser transparentes con las informaciones, y pretender mantener en la oscuridad lo que hacen mal, es un resabio que a veces lo pagan caro. Cuando trasciende algo que han intentado encubrir, se vuelve escándalo. Y como al gobierno poco le creen, son más las dudas que quedan que las aclaraciones que, a la carrera, fabrican en su apuro los funcionarios. Así ha sucedido en estos últimos desmadres con las importaciones de arroz. Parte ha sido porque la administración pública es un desorden, algunos subalternos hacen de las suyas sin consultar con sus jefes, y otros ni siquiera se dan cuenta de lo que los ponen a firmar. Cuando estalla el escándalo, no hallan qué hacer para sofocarlo. Acaban pasándose la pelota unos a otros.

Pero esa maña de esconder las cosas, de no ser lo suficientemente claros con la opinión pública, a la larga les acarrea serias consecuencias a la imagen. No solo es el problema de “autogoles” en la cancha, sino que los jugadores intentan tapar las patadas y los carnudos que pegan. Por ello satisface cuando un funcionario informa, con transparencia, sobre reveses en la administración pública. El secretario de Planificación y Estrategia ha dicho que “los cooperantes se han quejado porque muchos de los recursos que ellos ponen, no se han gastado adecuadamente y en una situación de crisis mundial, no nos podemos dar ese lujo”, explicó. Expresó, además, que la falta de ejecución presupuestaria es un problema histórico. “Por ejemplo, el año pasado -2011- por mala ejecución se tuvieron que devolver algunos fondos, unos dos o tres millones de dólares de donaciones, y a comienzos del 2010 tuvimos que devolver unos tres millones de dólares a la Cooperación Española, por todo fueron unos 5 millones durante el 2010 y 2011”, enumeró. Indicó, sin embargo, que “el objetivo es que este año podamos ejecutar los proyectos tanto de cooperación como con fondos nacionales, más o menos en un 85 por ciento, para mostrar una mejoría adecuada”.

La información contempla que “las secretarías que sobresalen en el tema de falta de ejecución de los fondos son Obras Públicas, Transporte y Vivienda, Educación y Salud, entre otras”. Pues bien, es inexplicable cómo esos de Soptravi atribuyen el pésimo estado de la red vial del país, y la falta de avance en la infraestructura, a la falta de recursos, si les cuesta ejecutar los fondos que tiene asignada la cartera para la ejecución de proyectos. Igual sucede en la Secretaría de Educación, donde gran parte del presupuesto se gasta en el pago de salarios -que ni eso son capaces de llevar en orden- por lo que es el colmo que se pierdan recursos por falta de capacidad de los funcionarios de ejecutar la inversión. Y en Salud, ni digamos. Si allí una sencilla orden del ministro -digamos la suscripción de un contrato de personal- se pierde por falta de interés de los subordinados de ejecutarla, ¿cómo no serán con las tareas más importantes? Pueden pasar semanas y meses, y las cosas no se realizan, las medidas no se atienden, porque así, lenta, como una tortuga renca, opera la burocracia.

PASADO MAÑANA

10 febrero, 2012 Sección Editorial

AYER hablábamos, muy brevemente, sobre el viacrucis de la gente cuando va a hacer un trámite en cualquier oficina de gobierno. Digamos: los quejosos que van a la ENEE a reclamar porque el recibo de la luz equivale a un atraco de diligencia, pueden pasar un día esperando sin que le resuelvan nada. Los recibos llevan encima todo el ingenio creativo posible, desde el cobro por energía que no se consume, los agregados que cada mes incrementan por el ajuste de combustible, y ahora las “rectificaciones”.  Cualquiera creería que “rectificar es de sabios” -como reza la sabiduría popular-, pero en la ENEE, el cobro que hacen por concepto de “rectificaciones”-nada tiene que ver con eruditos- es para topar más a los majes. No importa si el contador está desconectado, porque ya no se alquila ese local. ¿Ustedes pensaban que todos los contadores los leen? Sorpresa, la ENEE lo que no lee siempre lo cobra. Sacan un consumo promedio que cada mes se acumula, cálculo nuevo sobre saldo viejo, hasta que el pobre acabado debe ir a empeñar lo que no tiene, para que no lo exhiban en esa lista de morosos delincuentes.

Y si hay contador conectado -zas, los garrobos se suben a los postes- en un santiamén se quedó sin energía eléctrica. Serán lentos para todo lo demás, pero no para jorobarle el día al prójimo. Si no paga el recibo, ipso facto, por cargado que este venga -si se trata de un mortal cualquiera- muérase de la cólera, porque el corte es automático sin misericordia alguna. Si es ama de casa, más caro todavía, porque -después que se le hizo sopa la ración del mes que guardaba en el refrigerador- tiene que pagar extra por la reconexión. Si en cambio es uno de esos pequeños empresarios, batallando por salir adelante con su negocio -ajá, pertenece al “barril sin fondo” al que le tienen tirria-, basta un día sin energía eléctrica y perdió la clientela.  Así son las oficinas del gobierno. Vaya a reclamar, o a tramitar un documento, a veces, hasta a pagar una cuenta, los servidores públicos están muy ocupados. Si a los jefes les cuesta tomar decisiones, ya no digamos a los de abajo. Esos no le resuelven nada a nadie. Creen más bien que hacen un favor a la gente con atenderla. Aunque la tengan esperando una eternidad para lo mismo: “Venga más tarde, venga mañana, venga pasado o venga la próxima semana, que el jefe anda almorzando, o el jefe se fue y no va regresar, o el jefe anda de viaje”. “Ajá -puede ripostar el desesperado ciudadano, que tuvo que desperdiciar todo el día velando turno- pero cómo puede ser que otra vez su jefe ande de viaje si hace unos días vimos en el periódico que andaba en el exterior; ¿no ha regresado? “Sí, ya regresó, la semana pasada -responde quien atiende en la ventanilla-, pero es que a él le encanta viajar, y le salió otro viaje, aunque no sé para dónde”.  “¿Y no hay algún otro que pueda resolver -pregunta el paciente ciudadano al que tienen tonteando como papo- si veo que allá adentro hay un montón de personas, con corbata, sentadas haciendo nada?”  “No, fíjese que no -le contestan-, solo él puede resolver eso, porque esos que están allí no mandan, son asesores. Si fuera algún negocio, que les viene a proponer, tal vez -¿pregunto?- lo puedan atender.” “¿Y el jefe -vuelve a insistir ya un poco exasperado- cuándo regresa de viaje?” “Dijo que la próxima semana -responde el servidor del Estado, elevando el tono de la voz-, así que regrese y pruebe después, si quiere”. La plática anterior duró una hora. Porque mientras el burócrata atendía al reclamante, tuvo que interrumpir varias veces el intercambio para dedicarse a atender conversaciones “urgentes” por su teléfono celular. Ah, y eso que no incluimos aquí el tiempo que pasó en el “blackberry” disparando mensajitos.

Así son los trotamundos oficiales. No se han bajado de un avión cuando se están encaramando en el otro. Cualquier pretexto es bueno: ir a convencer turistas que vengan al país a disfrutar de esta perra inseguridad. O a inversionistas, a los que les guste perder y pagar “tazones”. O a ir a pedir lo que embajadores empleados en el servicio exterior perfectamente pueden gestionar. El poder para eso sirve. Y hay que aprovecharlo en tanto dure. Mientras, ese es el calvario de la pobre gente en esas interminables colas, esperando que la burocracia resuelva la cosa más sencilla, para regresar a su casa igual a como entraron.

EL CALVARIO

9 febrero, 2012 Sección Editorial

SEGÚN el Banco Central Honduras, la inflación es del 5,6%, y esta ha venido desacelerándose a partir de agosto del 2011. Los rubros que tuvieron una mayor incidencia en la inflación en enero fueron transporte (28,57%) por el aumento de la gasolina, ropa y calzado (19,05%), servicios y productos de cuidado personal con (14,30)%, entre otros. Cualquiera que lee esas cifras estará satisfecho de que aquí en el país la vida es barata. Sin embargo, una encuesta reciente revela que el amable público considera que el alto costo de la vida, junto a la inseguridad, el desempleo y los altos grados de corrupción son los temas principales que agobian a las familias hondureñas. ¿A qué se deberá tanta confusión de la gente? Más del 80% de los encuestados creen que el país va por el rumbo equivocado, y una gran mayoría que su situación económica está peor o igual a la del año pasado.

Los altos precios del crudo en el mercado internacional y la falta de una política de ahorro energético a nivel local ocasionan que cada fin de semana anuncien un nuevo incremento en el precio de las gasolinas.  Este es un duro impacto al bolsillo familiar. Pero, igual, para los que no tienen carro y dependen del transporte público, los costos del pasaje se han disparado hasta más no poder. Recientemente, la Secretaría de Obras Públicas y Transporte autorizó la denominada migración, para que los buses conocidos como “rapidolocos” cobren hasta 10 “inditos desplumados” por valor del pasaje. La paulatina devaluación de la moneda, gracias al tobogán que el FMI le puso al resignado “indito” para que se divierta deslizándose, hace ahora que la factura petrolera sea mayor. No solamente porque se consume más gasolina, sino porque se pagan más lempiras por dólares.

El precio del crudo incide en las tarifas de energía eléctrica. Aquí -desde que en la casa de gobierno les dijeron que fueran más creativos- los recibos de la “luz”, que no aparecen con el acostumbrado ajuste de combustible, traen cargos por “rectificaciones”. Eso, las rectificaciones, son la parte creativa para atracar al cliente. Ahora que pasará al sindicato la lectura de los contadores, el país regresará a lo de antes. Los que ya se olvidaron, porque la memoria es corta, con el tiempo vamos a volver a experimentar cómo eran estas cosas en el pasado. Los consumidores que tienen reclamos en sus recibos pueden estar un día entero esperando que los atiendan para que no les resuelvan nada. Si a los jefes les cuesta tomar decisiones, ya no digamos a los burócratas de abajo. Esos no le resuelven nada a nadie. Creen más bien que hacen un favor a la gente con atenderla. Aunque la tengan esperando una eternidad para lo mismo: “Venga más tarde, venga mañana, venga pasado, o venga la próxima semana, que el jefe anda almorzando, o el jefe se fue y no va regresar, o el jefe anda de viaje”. Ese es el calvario de la pobre gente en esas interminables colas, esperando que la burocracia resuelva la cosa más sencilla, para regresar igual a como entraron. Ni imaginarse cómo van a ser estas cosas más adelante.

Así que cuesta entender esas cifras de la inflación. Y eso que apenas tocamos el tema de la gasolina y todavía ni siquiera le entramos a los mercados. Allá, entre los “arrozazos”,  los frijoles que se ponen caros o escasos por temporadas, el precio del maíz y de las tortillas, y ahora -gracias a que el  “designado cafetalero” se hizo el desentendido para no fijar una cuota suficiente de consumo interno- el precio grosero de la bolsita del café, quién sabe si el amable público quiera tragarse esas cifras oficiales. Aunque parte de la razón de esas cifras bajas de inflación que reporta el Banco Central es que la economía está deprimida. El consumo ha bajado porque estamos a niveles de consumo de subsistencia. Con tantas cargas y ajustes fiscales -las “tazas”, los “tazones”, los “pocillos”, las “tacitas”, suficientes para completar el juego de loza-, la iniciativa privada sigue en cuidados intensivos y la producción nacional continúa siendo una quimera. Y como el año político ya comenzó, no se sabe cuánto vaya a ser la atención a los problemas nacionales.

A LA BOLSA

8 febrero, 2012 Sección Editorial

RESULTADOS recientes de un sondeo de opinión pública revelan que los temas principales que agobian a las familias son el alto costo de las necesidades básicas, el desempleo del jefe del hogar, el crimen, la violencia y la inseguridad. Algunos también citaron los niveles de corrupción pública. La mayor parte de la población cree que el país va por rumbo equivocado y que su situación económica está igual o peor de lo que estaba el año anterior.  Lo que esto indica es que después de la intensidad de la crisis política que azotó el país, una vez restablecida la normalidad, la gente comienza a poner atención más a sus problemas personales y familiares. Por algún tiempo el país pasó sumido en la reyerta política; sus ojos y sentimientos puestos en esa confrontación.  Si bien de allá para acá mucha de la tranquilidad perdida -virtud de las tensiones generadas por aquella polarización-  se ha ido paulatinamente recuperando, la realidad de hoy evidencia que la crisis tuvo sus consecuencias.

Lo que se perdió y no se avanzó hoy pesa doblemente sobre la espalda de una agobiada población que ya tenía suficientes problemas para empezar. Ahora se siente el efecto de la crisis económica que se padece, peor con la imposibilidad de estimular la iniciativa privada y reactivar el aparato productivo, para crear fuentes de trabajo y empleos para el batallón de desocupados. La violencia se ha desbordado, para complicar más el clima de inseguridad que mantiene en zozobra a la población entera. La falta de respuesta del Estado ante semejante flagelo sin duda que es parte de este desaliento que siente la mayoría. Poco crédito ha recibido el esfuerzo oficial por normalizar una situación que hace unos meses atrás era tremendamente inestable y terriblemente complicada. Una vez la gente recupera el sentido de su diario vivir, son los problemas y la falta de pronta respuesta lo que interesa.

Lo que se haya ganado con respecto a la mayor estabilidad política e institucional, la mayor tranquilidad social, la gente ya se lo echó a la bolsa, y ahora lo que le duele es la intranquilidad que ocasiona la inseguridad, la falta de ingreso y el incremento de precios de lo básico a consecuencia de la crisis económica que golpea. Peor para las familias cuya cabeza de hogar no tiene un empleo. Los particulares y las familias volvieron a poner atención a lo cotidiano, a lo que afecta su paz y su diaria subsistencia. Quizás algunos rencores y fanatismos persisten, pero aquello es más en los extremos, ya que el gran centro de la sociedad se ocupa de otros menesteres que no sea cargar con aquellas secuelas que dejó la política. Si ya la carga de problemas acumulados es más que suficiente, menos deseo de agregarle otro bulto adicional. Así que si en su momento estuvo distraída por aquellos intereses que perturbaron su normalidad, ahora lo que interesa es la solución a los problemas que diariamente enfrenta.

Desgraciadamente inicia otra vez la etapa política. Vuelve el ambiente a cargarse con proselitismo y con la misma música -o mejor decir el ruido- de las campañas. Sin embargo, si eso será algo que, en parte, va a llamar la atención, los problemas nacionales, lo que se haga o deje de hacerse para solucionarlos, es lo que mayormente va a acaparar el interés colectivo. Así que los políticos no deben confundirse. Los que están en el gobierno y aspiran, gran parte del electorado los juzgará por los resultados. Los que están en la oposición, por la capacidad de generar, no pleito ni conflicto, sino esperanza.

LICENCIA

7 febrero, 2012 Sección Editorial

EN Siria, el presidente Bashar al Asad, ha sido implacable con sus opositores. Todos los días mueren unas cuatro docenas de personas en choques con las fuerzas de seguridad. Pero después de meditar sobre la suerte del coronel Muamar Gadafi en Libia, y ahora de la agonía de Hosni Mubarak en Egipto, va a ser improbable que logren convencer al dictador sirio que entregue el poder. No hay duda que Bashar al Asad se informa todos los días de lo que sucede en el mundo. Ha de saber que el gobierno egipcio aceptó trasladar a Hosni Mubarak a la cárcel cairota de Tora y a dispersar, en varias prisiones del país, a los miembros del régimen depuesto, en un gesto para suavizar las críticas a su gestión durante los choques entre policías y manifestantes. Mubarak afronta un proceso judicial por la muerte de manifestantes durante la revolución que le obligó a renunciar hace un año.  También están siendo procesados sus hijos, Gamal y Alaa, y el exministro de Interior, Habib al Adli. Los manifestantes ahora exigen la salida inmediata del poder de la Junta Militar, que dirige un gobierno de transición después del derrocamiento de Mubarak. Los militares estos eran compañeros de armas del depuesto dictador, pero acabaron quitándole el apoyo cuando la situación política se revirtió en su contra.

Sin duda alguna Bashar al Asad ha de estar enterado que el exdictador panameño Manuel Antonio Noriega fue ingresado en un hospital público por un cuadro de “hipertensión con posibilidad de un derrame cerebral”. “El exhombre fuerte de Panamá (1983-1989) cumple tres condenas de 20 años cada una por la desaparición de opositores, tras regresar a su país el 11 de diciembre, extraditado desde Francia”. “El exdictador, derrocado en la madrugada del 20 de diciembre de 1989, por tropas estadounidenses que lanzaron sobre Panamá una cruenta invasión, estuvo preso 20 años en Estados Unidos por narcotráfico y casi dos en Francia por lavado de dinero.” “Noriega regresó a su país en silla de ruedas, es hipertenso y tiene dificultad para hablar y limitaciones motoras, tras haber sufrido hace algunos años un derrame cerebral.”  Bashar al Asad también habrá leído que el expresidente de Guatemala, Alfonso Portillo (2000-2004), está a punto de ser extraditado a los Estados Unidos, donde es requerido para ser juzgado por lavado de dinero. Portillo guarda prisión en un cuartel militar desde hace dos años, después que regresó de México, adonde huyó horas después de entregar la presidencia al enterarse que podría ser juzgado por delitos cometidos durante su mandato.

Así que, con esos recientes ejemplos a la mano, quién sabe si logren persuadir a Bashar al Asad de que voluntariamente deje el poder. Menos mal que este tiene aliados poderosos. Rusia y China vetaron una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que condenaba a Siria por la brutal represión. El texto, aprobado por los otros 13 miembros del Consejo de Seguridad, condenaba las “violaciones flagrantes” de los derechos humanos por el régimen sirio y llamaba a una transición democrática siguiendo el plan adoptado por la Liga Árabe el 22 de enero. Los opositores sirios, indignados, afirmaron que ese veto equivale dar al régimen “una licencia para matar con impunidad”. Quizá Gadafi no ignoraba el destino que le deparaba y por ello no se entregó aun derrotado. Lo capturaron mal herido. Hasta el sol de hoy se desconoce cómo fue que apareció rematado con un tiro en la cabeza.

PAN COMIDO

6 febrero, 2012 Sección Editorial

NOSOTROS estamos más de acuerdo con el ministro de Finanzas, quien quiere un acuerdo con el Fondo Monetario para 18 meses, y no con los que exigen que sea de más largo plazo. Cuando los gobiernos no pueden cumplir las condicionalidades de un acuerdo Stand By, buscan otras formas de mantenerse, siempre, bajo el paraguas del FMI. Bien sea con un acuerdo monitoreado, como lo tuvo el gobierno de Reina o el anterior a este. Eso lo ocupan para recibir préstamos de los organismos internacionales de crédito. El FMI da una especie de certificado de buena conducta. Tiempos atrás era bastante duro, y exigía estricto cumplimiento a las condiciones del acuerdo. Pero de cierto tiempo para acá, en parte reaccionando a la fuerte crítica internacional que se le vino encima, culpándolo de las crisis económicas, se ha vuelto tolerante y mucho más flexible.

Si antes esos señores de FMI eran tremendamente amargos, en comparación a aquello, ahora, son un confite. Así como fueron sumamente indulgentes con el gobierno anterior -pese a su desfase presupuestario, a lo errático en el manejo de las finanzas y a que utilizaron a discreción los fondos de reducción de la pobreza en otros menesteres- no hay razón por la cual vayan a negarle a este -que ha metido varios paquetes de ajuste fiscal, “tazas”, “tazones”, “tacitas” y “pocillos”, suficientes para completar la loza- el acuerdo de 18 meses que busca. Por ello, si nos tocara apostar, con los ojos cerrados, diríamos que lograr ese acuerdo es pan comido. Las razones del ministro de Finanzas, de un acuerdo a más corto plazo, son que este gobierno se acaba en dos años. Y no quiere uno más prolongado porque sería “amarrar al otro gobierno”.

No deja de tener razón. Ya una vez un gobierno anterior -pese a toda la calamidad que sufrió por un horrendo huracán y, ya para finalizar la gestión, por el impacto recesivo de los actos terroristas contra las torres gemelas de NY- dejó el país en aceptable situación económica y financiera y con acuerdo vigente. Pero aun cuando la infraestructura quedó reconstruida, la situación económica era más o menos buena, las finanzas razonablemente bien manejadas, las reservas suficientes, estabilidad política y social, la confianza en el país y las oportunidades inmejorables, aquello no fue suficiente para la nueva administración que -lejos de agradecer por qué no recibió las cosas hechas trizas- no paró de refunfuñar. Que hubiese acuerdo vigente le sirvió para continuar recibiendo créditos del exterior, y de tregua suficiente para negociar un nuevo acuerdo. Pero la autoridad económica que se estrenaba prefirió dejar pasar el tiempo y, hasta después de dos ajustes, ya a mitad del período, logró al fin encaminarse. Por supuesto tirando la culpa a los de atrás y no a problemas de su propia gestión. No puede negársele, empero, el esfuerzo que hizo aquella administración por mantener el gasto fiscal controlado y un aceptable manejo de las finanzas públicas.

Los gobiernos por lo general, cuando entran, fijan sus propias prioridades. Buscan culpar a los antecesores por la falta de ahínco propio en la solución de los problemas. Les gusta gobernar -por lo sabroso y lo macanudo que es el poder- pero sin tener que asumir las consecuencias o acarrear los sinsabores de la dura responsabilidad de gobernar. Pocos gobiernos se han dedicado a resolver los problemas que enfrentan sin recurrir al expediente de endilgar culpas a sus antecesores.  El gobierno que estaba cuando azotó el huracán fue uno de estos que no vio para atrás, se dedicó a resolver la calamidad y mirar hacia adelante y, en honor a la verdad, este actual asumió la carga -menuda crisis la que heredó-  sin quejarse tanto. Como le tocó la dura tarea de reconciliar -faena que aún no concluye- tuvo que ser indulgente con el pasado. Así que, en lo que concierne al FMI, lo mejor que puede hacer es terminar con un acuerdo, pero dejar que los que vengan negocien el suyo. Ni le van a agradecer lo que haga y seguramente, como suele pasar, sus culpas le van a cargar por lo malo que deje y, si los sucesores son como la generalidad, también por lo que, por deficiencias propias, no puedan resolver.

ANCIANOS CREATIVOS

5 febrero, 2012 Sección Editorial

LOS adultos mayores que apenas han cursado el sexto grado o el ciclo común de educación secundaria, a veces proponen, en los domingos de parroquia, ideas interesantes, las cuales valen la pena ser escuchadas y tomadas en cuenta, pues al fin y al cabo son ciudadanos con todos los derechos del mundo.

Ellos proponen que para fines energéticos se construyan pequeñas represas hidroeléctricas por todos los rumbos del país, habida cuenta que los macroproyectos terminan lastimando severamente a los bosques, las poblaciones, los cultivos, las reliquias arqueológicas y luego quedan desfasados con enormes déficits de cobertura, como efectivamente ha ocurrido con la represa de “El Cajón”. Saben, de algún modo, que los pequeños embalses para sistemas de riego con producción paralela de fluidos eléctricos, son usuales en aquellos países geográficamente pequeños que en Europa han tenido la fortuna de desarrollarse en casi todos los renglones industriales, comenzando por las economías de base, conectadas con las fuentes concretas de los alimentos.

El sentido común de estos ancianos, desde lo que sería la perspectiva moderna anglosajona, funciona con las mismas ventajas de algunos de los hombres que han controlado las decisiones vitales de la cosa pública hondureña, sobre todo en lo que concierne a una posible visión integral de país, a la democracia económica y al renglón concreto de las inversiones estatales. Ellos perciben que durante muchos años se han venido postergando proyectos relacionados con el reordenamiento territorial, los nuevos sistemas de riego, la construcción de carreteras modernas que comuniquen la zona central con la occidental, lo mismo que con La Mosquitia. Y han detectado el desdén hacia la posibilidad que las comunidades grandes y pequeñas manejen sustentablemente sus propios bosques, construyan sus embalses y administren todas sus potencialidades hidroeléctricas.

Al hablar de sistemas energéticos para uso directo de la población, hay que prestarle atención a la necesidad de abordar el asunto como una estructura completa (y compleja) en donde el Estado central, pero también el Estado municipal, tendrían que elaborar y ejecutar políticas materiales de corto, mediano y largo plazos, tomando en cuenta los factores hidrológicos, las potencialidades forestales, los molinos de viento que de hecho ya comenzaron a ensayarse, y los biodigestores para producir gas metano; lo mismo que las corrientes marítimas, las fuentes termales de nuestras tierras, los yacimientos de petróleo en el subsuelo hondureño y otras potencialidades productivas y competitivas.

De este modo creativo discurren algunos adultos mayores hondureños en las tardes sabatinas y dominicales de Tegucigalpa, en tanto que algunos de ellos se sienten impotentes frente a los proyectos hidroeléctricos gigantescos, en que la mayor parte de la población hondureña se encuentra desinformada, respecto de los financiamientos de los mismos y de las consecuencias ecológicas desastrosas que podrían implicar. Hay que prestarles atención a estas venerables personas, porque en los tiempos antiguos las sociedades jóvenes y maduras sobrevivían con algunas ventajas comparativas gracias a la sabiduría añeja, y a la existencia operativa de los consejos de ancianos.

APRENDIENDO

4 febrero, 2012 Sección Editorial

Recordará el amable lector la caída del dictador Hosni Mubarak en Egipto, después que los militares le retiraron el apoyo. Mubarak, vencido y demacrado, hoy se encuentra recluido en un hospital, esperando juicio e inculpado por corrupción y actos de represión contra la revuelta popular. Occidente celebró aquel acontecimiento como un triunfo de la democracia, mientras los militares tomaban el control del poder. En elecciones escogieron un Parlamento, controlado por el movimiento islamita de los Hermanos Musulmanes. Seguramente los gringos han de estar reflexionando que una cosa es complotar para que caiga un gobierno, pero otra es controlar lo que venga después. Al cumplirse un año de la caída de Mubarak, las manifestaciones continúan. Las más grandes en la emblemática plaza Tahrir. Esta vez exigiendo la salida de los militares del poder. Las Fuerzas Armadas prometieron que entregarán el poder a los civiles al término de la elección presidencial prevista antes de julio del 2012. Pero muchos egipcios consideran que los militares quieren mantener sus numerosos privilegios y seguir influyendo en la vida política. En otra elección para elegir la cámara alta (Chura) del Parlamento, los islamitas esperan repetir el éxito que lograron en la elección de la Asamblea popular, donde se alzaron con tres cuartas partes de los escaños.

La denominada “primavera árabe” continúa. Aprendiendo de lo sucedido en Túnez, en Egipto y después en Libia -donde acabaron con la larga dictadura y con el mismo coronel Muamar Gadafi-, el presidente Bashar al Asad, de Siria, ha respondido a las revueltas contra su gobierno con una brutal represión. Este no ha atendido los llamados de la comunidad internacional de abandonar el poder y ser indulgente con las manifestaciones. Según el jefe de Inteligencia de los Estados Unidos, el régimen caerá inevitablemente, pero cree que es cuestión de tiempo, aunque el problema -juzga él- es que puede ser un largo tiempo. La crisis en Siria -según expertos- se está convirtiendo en un conflicto armado entre una “guerrilla” formada por miles de desertores y un régimen determinado a controlar la revuelta popular. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien lideró en el Consejo de Seguridad de la ONU la embestida de Occidente contra Siria -apoyada por la Liga Árabe, Francia e Inglaterra-, expresó que “el reino del terror” del presidente Bashar al Asad terminará y que la principal duda es cuántos civiles inocentes deberán morir antes.

Estados Unidos chocó con Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU en su intento de aprobar una resolución exigiendo la renuncia del gobernante sirio. Rusia argumentó que la ONU no debe intervenir en Siria. El proyecto de resolución de la ONU busca que Asad entregue el poder y cese la represión que ha dejado más de 5.400 muertos en los últimos diez meses.  Pero Rusia, aliado de Siria y con derecho de veto en el Consejo de Seguridad, reiteró su oposición y afirmó que la ONU no debe inmiscuirse en el conflicto “interno” sirio. El embajador ruso en la ONU dijo que “posiblemente hay una última posibilidad de romper la espiral de violencia que arrasa con Siria y su pueblo; sin embargo, el Consejo de Seguridad no puede imponer parámetros para un acuerdo interno”. Rusia y China -que acusaron a los países occidentales de abusar de los mandatos de la ONU en su intervención en Libia- vetaron en octubre un proyecto de resolución que condenaba al gobierno sirio. El Consejo Nacional Sirio, principal grupo de oposición, condenó “las salvajes masacres de civiles, entre los cuales había mujeres y niños”, deplorando la falta de “rápida acción de parte de la comunidad internacional para proteger civiles mediante todos los medios necesarios”.

JEFES Y SUBALTERNOS

3 febrero, 2012 Sección Editorial

SIEMPRE, en las distintas oficinas públicas, hay diferencias. Es normal. Que los subalternos no siempre estén de acuerdo con sus jefes. Que discrepen de sus criterios o de sus opiniones. Suficiente que el gobierno funcione como archipiélago, con distintas islas de poder, de ministerios descoordinados unos de otros, de falta de comunicación entre funcionarios de distintas dependencias, para que encima de ello haya caos de mando dentro de una misma Secretaría de Estado o institución descentralizada. La idea de los gabinetes económicos, de los gabinetes sociales, y los demás, es para coordinar las actividades gubernamentales que involucren distintas carteras ministeriales. Para actuar en equipo, para tomar decisiones en conjunto, que es mejor a cuando se toman individualmente. Para armonizar tareas y homologar propósitos. No sabemos qué tan frecuentes sean esas reuniones del gabinete económico o del gabinete social, pero a juzgar por la crisis que atraviesa el país, la falta de reactivación económica, la poca atención a lo social, deberían de realizarse en forma regular y sistemática.

Ahora bien, si a la falta de coordinación o de la necesaria armonía que debe existir en la administración pública, también hay indisciplina, es preciso ver cuáles podrían ser algunas causas que la ocasionen. Los dos ejemplos más notorios en las secretarías de Cultura y la de Agricultura y Ganadería. Eso de nombrar ministros y no permitir que estos pongan a sus subalternos inmediatos de confianza, se presta a la indisciplina o, lo que es peor, a la conspiración. Recordamos la justificación que escuchamos del porqué era mejor tres designados en vez de un vicepresidente. Es que los vicepresidentes -nos decía quien nos daba la explicación- pasan o esperando que se muera el Presidente, o conspirando para que lo boten. Mientras que los designados son más útiles porque, como ninguno está seguro que pueda sustituir al jefe en caso de un percance, son mucho menos rebeldes y más colaboradores. Aparte de ello, es muy difícil que el Presidente se pelee con los tres, y habrá alguno al que le tenga más confianza. Solo en tiempos de Suazo -para citar la historia más reciente- se dio el caso que hubo disgusto con los tres.

Con esa explicación anterior, se entiende por qué el Presidente tiene la capacidad de trabajar con un equipo coordinado. Porque son colaboradores suyos. No es como los diputados que -como son de elección popular y nadie los puede quitar- para tenerlos más cerca hay que incentivarlos de distintas maneras. A los ministros los puede poner y quitar a discreción. No hay lugar para la indisciplina, ya que quien no esté de acuerdo con el parecer del Presidente, o pierde su confianza, se va. Así de sencillo. Si esto es una realidad en la cúpula del poder, no tendría por qué no serlo más abajo. ¿Qué lealtad o deseo de colaboración puede haber de un subalterno a un jefe, si sabe que no fue este quien lo puso, o cuando más bien anda viendo formas de hacerle la cama para que lo quiten y quedarse con su puesto? Es la naturaleza humana, más si se trata de un interés político. Los ministros, para que puedan ejercer su autoridad, deben tener no solo gente de su confianza dentro de su equipo de trabajo. Que obedezcan y sigan sus lineamientos, o por lo menos que, por un sentido de lealtad, no se dediquen a serrucharles el piso. Porque si los que están abajo no sienten que el de arriba es su jefe, el irrespeto a la autoridad es inminente. La situación rápidamente se convierte en una enorme tentación a la indisciplina.

Fíjense bien que no estamos juzgando a persona alguna, ni estamos hablando de casos concretos o particulares -ni decimos que uno tenga más capacidad o más derecho que el otro- para que nadie se sienta aludido. Simplemente planteamos lo incómodo de ciertas situaciones que, en la medida que escala la falta de relación entre el jefe y el subalterno, acaban en  inevitables desencuentros que exhiben a la administración.

“INTERVENTORA”

2 febrero, 2012 Sección Editorial

Coincidiendo con la visita al país de los “carabineros” que el gobierno de Chile envía para asesorar en materia de seguridad, fue aprobado en el Legislativo la Interventora de la Policía y de otros operadores de justicia. “Se crea la Comisión de Reforma de la Seguridad Pública, como un órgano temporal e independiente responsable de diseñar, planificar y certificar el proceso de reforma integral de la Seguridad Pública, que incluya la Policía Nacional, el Ministerio Público y el Poder Judicial”. Si bien se estipula que esta Comisión goza de independencia, no la califica.

Digamos, la Policía Nacional es parte del Ejecutivo. Depende del Ministerio de Seguridad que a su vez es uno de los despachos del Poder Ejecutivo. Allí el Presidente de la República tiene sus atribuciones constitucionales, y los secretarios de Estado son sus colaboradores. El Poder Judicial, en cambio, goza de independencia constitucional, porque es uno de los poderes del Estado. El Ministerio Público también goza de la independencia y de la autonomía que su ley constitutiva le confiere, porque se trata de una institución del Estado. Sin embargo, queda un tanto enredada la naturaleza de la independencia de que goza esa Comisión “Interventora” y la forma como actuará en relación a otras instituciones independientes. Pero bien, eso es lo de menos, o sea lo jurídico, que muchas veces no se estudia lo suficiente, porque aquí no hay mucha vocación de respeto a la ley.

Lo único que más o menos da una idea de la orientación de dicha Comisión es que sus cinco miembros -nacionales y extranjeros- son propuestos por los titulares del Poder Legislativo, del Poder Ejecutivo y la Rectoría de la UNAH, y son nombrados por el Presidente de la República. Se deduce, entonces, que dependen del Presidente de la República, o sea del Poder Ejecutivo. Y como se sabe, siendo que los poderes del Estado son independientes, no puede ninguno de ellos intervenir en los otros.  Así que es de suponer que muchas de las funciones que tiene esta Comisión es de elaborar sugerencias o recomendaciones al Presidente de la República, las que pueden adquirir forma de iniciativas de ley si este dispone enviarlas al Legislativo, o bien, si fuese el caso, de acuerdos ejecutivos o decretos emitidos en el Consejo de Ministros. Pareciera que la Comisión emula la fórmula que usaron para conformar la Comisión de la Verdad, creada en el Acuerdo Tegucigalpa-San José, con comisionados nacionales y extranjeros. O sea que el país comienza a utilizar formas creativas de analizar los problemas. Incluso de proponer reformas, lo que es saludable al proceso democrático. De ello se deduce que, dentro del sistema jurídico ya establecido, pueden hacerse -constitucionalmente- todos los cambios y las reformas institucionales necesarias, de cualquier especie y de cualquier calibre.

Leyendo las atribuciones de la Comisión, el ámbito de sus funciones se circunscribe -si algo no se nos escapa- a formular políticas, sugerir mecanismos, y elevarlas como recomendaciones o propuestas a las instituciones ya referidas. Analizando cuáles serían todas esas propuestas que van a formular, se deduce que, en síntesis, se trata de una plan de seguridad nacional y de mejoramiento de la justicia. O sea, lo que desde hace mucho tiempo hemos insistido que ocupa el gobierno y por donde debieron de empezar. Lo irónico es que tuvieron que crear otra Comisión de la Verdad, para elaborar todas esas propuestas. Aunque reza la sabiduría popular que de lo dicho a lo hecho hay mucho trecho, el amable público estará pendiente del avance, tanto de las recomendaciones de aquella otra Comisión de la Verdad, como de las de esta.

SÚPER

1 febrero, 2012 Sección Editorial

ALLÁ, escondida, unos días atrás, salió una noticia ofrecida por el secretario de Defensa, anunciando que “momentáneamente desistieron de comprar a Brasil los ocho aviones Súper Tucano, por falta de recursos”.  Aclaró que la intención de adquirir los Tucanos era solo un “proyecto que en su oportunidad fue presentado a la delegación del gobierno de Brasil, y aunque no queda descartado, por el momento, Honduras no cuenta con los recursos que se requieren”.

Bueno saberlo. Que un país en la lipidia, con tantas otras calamidades, no vaya a dilapidar los pocos recursos que le quedan en compra de aviones a Brasil; aunque siempre servirían para hacer ese gran cambalache a los gringos. Como hemos dicho, el destino de la droga que pasa por estas tierras, es el mercado norteamericano. Y por la misma razón, cuando nos enteramos de la intención de comprar esos aviones a Brasil, dijimos que si la lucha contra la narcoactividad requería de aviones, ese debía ser un aporte de los Estados Unidos, como socio en esta lucha; ya que Honduras no puede gastar esos dineros  descuidando la atención de otros ingentes problemas. Recordamos que el ejército norteamericano va descartando de su flota, por los avances tecnológicos, varios aparatos -aviones y helicópteros- que, con el mantenimiento necesario, podrían servir para este propósito. Incluso, expertos en aviación y exjefes de la Fuerza Aérea Hondureña, entregaron a la Casa de Gobierno una opinión sobre aviones de fabricación norteamericana equivalente a los brasileños. De algo sirvió la campaña, ya que siquiera unas “avionetías” entregaron. No los aviones artillados que podrían usarse para interceptar esas avionetas cargadas de droga, porque así son los gringos, el aporte lo dan a cuentagotas. Pero, como dice el dicho, a caballo regalado…

Esa idea de comprar esos aviones a Brasil surgió de esas conversaciones que se dan en esas cumbres. Alguien comentó que la República Dominicana, con unos Súper Tucanos, detuvo bastante el tráfico de drogas del sur, que pasaba por su territorio. Lo que se les olvidó analizar fue que gran parte de esa narcoactividad entra por las costas acuáticas, no por aire. Pero, como aquí no hay cosa que digan afuera que no la quieran copiar, inmediatamente aquello comenzó a tomar forma de propuesta. Es de imaginarse que, cuando vino esa delegación del gobierno de Brasil al país -sobraban ganas de quedar bien con aquellos duros que se tardaron una eternidad en reconocer la legitimidad de este gobierno- corrieron los funcionarios hondureños a ofrecer la negociación de esos aviones. No se sabe si por ese mismo sentimiento prefirieron votar por el brasileño en la FAO, pese a que, con anterioridad, habían ofrecido el apoyo al candidato español. La suerte de este cambio de decisión fue que el cargo lo ganó el brasileño y no el español. De todas formas, eso sucedió ya días, en la Cancillería aquella que no tenía mucho contacto con la Casa de Gobierno.

Otro de esos temas, del que parece ya desistieron, fue querer hacer un “batido” del ejército y de la policía. Eso parece que lo agarraron de unos asesores colombianos.  Aquí, en este espacio editorial, advertimos, repetidas veces, del retroceso que estaría dando el país si tomaba esa decisión. En la medida que otras cosas acontecieron, entre ellas, ese escándalo de la policía que indujo toda esta presión para la depuración, la propuesta aquella se ha ido enfriando. Quedó flotando lo de la extradición que fue aprobada en el Congreso a puerta cerrada. Y como ahora, aparte de los asesores colombianos vinieron los chilenos, con esos “carabineros” van a formar cuerpos élites en la policía. De los Súper Tucanos pasaron a los “súper policías”. Lo bueno, sin embargo, es que al fin se percibe una intención más enfocada de atajar la embestida del crimen organizado. Bien sea sacando pedazos de aquí y de allá, más la asesoría que den los gringos, intentando armar el rompecabezas. Como dirían los chavos: “súper”.

EL PARQUE

31 enero, 2012 Sección Editorial

ESTA semana pasará el amable público aficionado pendiente de la sacudida del equipo administrativo. Se especula, nuevamente, que por lo menos una media docena -ministerios y autónomas- se despiden. En la primera tanda se fueron, irónicamente, los dos  políticos que -según sondeos- contaban con mayor opinión favorable. Recientemente, bajaron del cuadrilátero a dos púgiles bien magullados, para declarar ganador a un espectador que no era parte de la contienda. Esto coincide con el inicio del año político. Estamos a medio tiempo. En el gobierno, los goles que no metieron al despegar -menos cansados, más integrados, más motivados- resolviendo los problemas nacionales, difícil que entren en el segundo, cuando todo cobra un interés político. También están convocados los púgiles al otro cuadrilátero. A disputarse las candidaturas por sus respectivos partidos. Y como el gobernante necesita cumplir sus tareas -hasta donde la política se lo permita- pueda ser que quiera cambio de algunos jugadores. Habrá dos espectáculos -en el parque de diversiones- para que todos estén entretenidos y nadie se aburra. El político, en los cuadriláteros, y la función pública en la cancha de fútbol. Ojalá en esta segunda mitad del partido haya avances -goles no autogoles- porque en la solución de muchos problemas nacionales, están crudos.

Decíamos, además, que sería mezquino no reconocer algunos avances relativos que hubo en la primera mitad del partido. Si no de la magnitud de las hazañas que se atribuyen los que gobiernan, innegable que hay resultados, unos importantes y otros más modestos en algunas áreas. La reinserción del país a la comunidad internacional ha sido, quizás, lo más relevante, considerado el aislamiento de que fue objeto durante el gobierno interino, que no fue reconocido por nadie. Las turbulencias que mantuvieron en zozobra a una buena parte de la población y en vela ardiente a la otra parte, durante la crisis política, también han bajado su intensidad. Aunque fue tanto el odio instigado, que en los extremos persisten los enconos. El centro del país, sin embargo, poco a poco ha buscado puntos comunes de encuentro. Si todavía hay malquerencias, son minorías que se quedaron colgados en el pasado -con un discurso duro e hiriente- mientras la mayor parte de la sociedad ha decidido continuar su marcha de esperanza hacia adelante.

Hay que agregar que, en este primer tiempo del partido, el gobierno no tuvo oposición política. De no ser por las denuncias y los reclamos canalizados por la prensa -que al fin de cuentas se gana el real del mandado, ello es, el malestar de los círculos oficiales- la democracia se hubiese quedado con un gobierno ejerciendo un apretado control del poder sin los necesarios contrapesos que equilibren. La oposición ha sido más de los aspirantes dentro de cada partido que de los partidos al gobierno. Este, en materia de oposición, ha gozado de envidiable tranquilidad. La agenda legislativa oficial ha pasado sin mayores exabruptos -incluso hasta reformas inconstitucionales-porque la aplanadora del partido de gobierno ha aprovechado la fragmentación de su más fuerte competidor, manoseando a los “tuquitos” a discreción.  Sin embargo, en la medida que la campaña política arrecie, habrá más interés de los invitados a la fiesta electoral, de dar palos a la “piñata”. Primero, vendrá una tanda en que se agarrarán a palos, entre sí, los bateadores en cada uno de los bandos. Pero más adelante, ya para la segunda tanda, los de abajo van a tratar de quebrar el cotarro, mientras quienes lo defienden -y halan del lazo para esquivar los golpes- necesitan convencer al amable público, que no la destartale, que la “piñata” merece quedar de adorno. Por ello, insistimos. Es necesario ahínco en la solución de los problemas nacionales. Siquiera reactivar la economía, paliar la violencia y la inseguridad, dar trabajo a los desocupados, evitar la carestía de lo esencial. Para aplacar a los “indignados”.

NO HAY

30 enero, 2012 Sección Editorial

LO cierto es que no hay. Pero no nos referimos al “no hay” del que hablaron en una reunión política allá en el sur. No es precisamente a ese “no hay” que tiene “harta a la gente y que está por todos lados”, al que queremos referirnos. Al no hay medicinas cuando la pobre gente va a los hospitales públicos, o al no hay oportunidades para los jóvenes que buscan empleo, o al no hay frijoles para las amas de casa que van a los mercados a buscar la comida, o al no hay seguridad para la población que pasa azorada por la inaguantable ola de violencia, o al no hay chamba para los activistas que andan desquiciados buscando trabajos en el gobierno, o al no hay trabajos para el batallón de desocupados por falta de fuentes de empleo, o al no hay financiamiento para los pequeños productores que quieren trabajar las tierras o los pequeños empresarios que ocupan capital para sus esforzados negocios.

Lo que no hay y no ha habido, es oposición política. De no ser por las denuncias y los reclamos que transmite la prensa -que al fin de cuentas se gana el real del mandado, ello es, el malestar de los círculos oficiales- todo pasaría como si nada. La democracia se hubiese quedado con un gobierno ejerciendo un apretado control del poder sin los necesarios contrapesos que equilibren. Pero la oposición política ha sido, en estos primeros años de gestión administrativa, casi inexistente. Ha habido, digamos, pataleo del “barril sin fondo”. Pero a ese lo han jeteado como han querido. No se repone del primer sopapo cuando le está cayendo el otro. En el Legislativo la agenda gubernamental ha pasado íntegra sin tocar tablita. Incluso el manoseo a la Constitución con ciertas reformas inconstitucionales, porque la “aplanadora” ha usado a discreción a los “tuquitos”.

Recientemente se separaron unos diputados de la línea oficial del partido de gobierno, pero animados más por la “melcocha” de intereses y de aspiraciones que ya afloraron. No hay incomodidad que una cordial invitación a la casa de gobierno, no pueda subsanar. Las diferencias son más internas en los partidos, que diferencias con el gobierno. El principal partido de oposición quedó tan aturdido por la crisis, que su primer hálito de conciencia ha sido para hacerse oposición unos a otros -igual, por las aspiraciones políticas a lo interno- o por una integración de la directiva o jefatura de bancada, como si aquello fuese cosa trascendente. La oposición al gobierno de la autoridad central o de la bancada en el Congreso, ha sido -para ser indulgentes-bastante silenciosa.

No es que no haya que colaborar. Se debe colaborar con el país, incluso con el gobierno a sacar adelante el país. Claro que la nación requiere de gobiernos de unidad nacional, porque las cosas no son tan cuesta arriba con más entendimiento y menos sectarismo. Pero integrar, colaborar, ayudar, no significa enmudecer. Tampoco hablamos de oposición cerril, como se acostumbra. Tanto daño causó la crisis que ahora se ocupa de mucha unidad de propósitos. El país no está para reyertas políticas. Más bien por la falta de respuesta y seriedad en la politiquería, es que la gente se ha ido desencantando con la clase política. Peligroso tanto desgaste porque algo o alguien llenarán los vacíos que quedan. Terreno fértil para aventureros. Una oposición estructurada, bien pensada, propositiva es lo que se ocupa. No la misma demagogia gastada. Oposición que sirva de contrapeso al abuso. Que sirva para orientar. Que levante la esperanza perdida de la gente. Una oposición saludable para la democracia y para el país. No la improvisada reacción o el ataque por impulsos. Muchos políticos, al igual que muchos sectores, pareciera que nada aprendieron de la última crisis que golpeó al país. Se comportan como si nada hubiese sucedido. Con las mismas conductas y las mismas mañas. Cuidado. No hay que confundir la realidad con espejismos. No se sale del hoyo todavía.

SIN PÁLPITOS

29 enero, 2012 Sección Editorial

LA provincia hibuerense, como gustan decir algunos folclorólogos, ha venido siendo administrada, en muchos de sus momentos históricos, con los pálpitos estresantes de cada nuevo giro ideopolítico, según sean las corrientes internacionales metropolitanas en boga,  y las fuertes presiones en los juegos de la geopolítica coyuntural que se haya puesto de moda. Muy pocas veces la provincia ha exhibido un comportamiento coherente que responda a los intereses heterogéneos y estratégicos de toda la nación hondureña. No sólo de un grupo sectorializado.

Un proyecto colectivo largoplacista, de posibilidades reales, ha brillado casi siempre por su ausencia. Tal carencia ha metido en serios aprietos a los dirigentes hondureños cada vez que se han visto en la perentoria obligación de “diseñar” políticas internacionales de última hora, porque lo que ha privado, en reiteradas oportunidades, es la improvisación, la repetición mecánica de los consabidos mandatos foráneos o los pálpitos personales antes aludidos. Honduras, salvo raras excepciones, ha evidenciado una debilísima personalidad propia cuando se han debatido algunos temas vitales que conciernen a la región o a la humanidad entera. Razón por la cual nos escandalizamos cuando otros países pequeños, siguiendo la línea ética del justo medio que aconsejaban los filósofos, han determinado caminar sus propios derroteros internacionales. Tales han sido los casos autonomistas de la historia contemporánea defendidos con gran realismo por Suiza, Brasil, la ex–Yugoslavia, Nueva Zelanda, Singapur y Costa Rica, que sin abandonar el viejo republicanismo se han jugado sus propios destinos estatales al momento de buscar la neutralidad; o un equilibrio diplomático y comercial en procura de las buenas relaciones con Estados Unidos y Europa.

Los mejores renglones de la historia económica y política de los Estados y civilizaciones enseñan que bajo ninguna circunstancia se deben improvisar las alianzas diplomáticas, comerciales, ideológicas y militares entre los Estados amigos, neutrales o eventualmente “enemigos”, sobre todo cuando el representante legal del país que lleva la supuesta iniciativa nada tiene para ofrecerles a los demás; excepto su propia debilidad actual, su falta de credibilidad y su vulnerabilidad futura.

Un pacto internacional comprometedor –exceptuándose en los “casus belli”– debe ser producto de un análisis minuciosamente frío por parte de un equipo de historiadores, archivólogos, economistas, geógrafos, juristas, diplomáticos de larga carrera y politólogos comprometidos estratégicamente con los intereses de su propia nación, y no con los intereses presentistas y excluyentes del grupo político que se encuentre “usufructuando” la cosa pública. No se debe correr a establecer nuevas alianzas “estratégicas” que pondrían en gravosa precariedad la estabilidad de un pequeño Estado como Honduras, salvo que se tenga la certeza de la autonomía económica para largo plazo. De lo contrario se corre el penoso riesgo de los aislamientos comerciales. Los capítulos de las relaciones exteriores y de las políticas internacionales son tan serios y peligrosos, que jamás deben decidirse bajo la influencia de los pálpitos personales de nadie. Ni de viejas reminiscencias ideológicas.

SALIDA

28 enero, 2012 Sección Editorial

LA confianza de los consumidores en la evolución de la economía de Estados Unidos y su situación financiera personal subió de nuevo en enero y se situó en su mayor nivel desde febrero de 2011, informó hoy la Universidad de Michigan. Según datos finales relativos a este mes, el índice que elabora esa institución a partir de encuestas avanzó en enero por quinto mes consecutivo hasta 75 puntos, comparado con los 69,9 de diciembre y por encima de los 74,2 puntos del mismo mes de 2011.” “La cifra estuvo por encima de los pronósticos de los analistas, que habían calculado que ese indicador se ubicaría en 74,1 puntos este mes y demuestra una perspectiva más halagüeña para la primera economía mundial.”

Lo anterior le cae a Obama como bendición del cielo, ahora que inicia su campaña a la reelección, ya que el desempleo y la debilidad de la economía ha sido su peor cruz hasta el momento. Ojalá eso no sea alegrón de burro. El mismo director del análisis explica que “este es el tercer año consecutivo en que se produce un avance así”, pero “todas las anteriores subidas se disiparon cuando los consumidores concluyeron que las mejoras que anticipaban no se produjeron”. Detalló que “este aumento de la confianza depende de la mejora del mercado laboral que, de continuar, llevará a que el gasto se incremente un 2,1% en 2012”. “Un menor crecimiento del empleo tendrá un impacto negativo desproporcionado sobre el gasto”, señaló el director del sondeo.

Ajenos a la rivalidad entre demócratas y republicanos -el gobierno querrá una rápida recuperación económica y los de la oposición que se mantenga eclipsada para que la gente vote por ellos-, lo que a nosotros conviene es una mejoría de la economía estadounidense, por los efectos que ello produce sobre la nuestra. Una mejoría en el mercado norteamericano significa incremento de nuestras exportaciones. También favorece a los inmigrantes que residen allá y necesitan sus empleos y sus ingresos, parte de los cuales remiten a sus familiares aquí. Esas remesas familiares son responsables en gran parte de la estabilidad del lempira y del mayor consumo doméstico que impulsa el crecimiento económico.

Sin duda que una más rápida recuperación de la economía norteamericana va a hacer que los precios de los combustibles sigan en acenso. Eso nos afecta negativamente. Ya las gasolinas llegan a los 90 lempiras el galón. Eso dispara el precio de todo. En la medida que sube el precio del crudo, sube el precio de la energía eléctrica. Más caros son los pasajes del trasporte público. Y como aquí no hay, ni habrá, política de ahorro energético, la factura petrolera que paga el país seguirá costando un ojo de la cara. Ni todos los recursos que recibe el país en remesas son suficientes para pagar el consumo de petróleo. Como tampoco hay medidas de incentivo a la iniciativa privada, o alicientes a la generación de empleos, la desocupación es tremenda. A falta de iniciativas internas, la única salida es que mejore lo externo. Así que la esperanza de la reactivación económica aquí depende de que se recupere la economía norteamericana.

ESPULGAR

27 enero, 2012 Sección Editorial

INSTALADA la tercera legislatura. Los titulares de los tres poderes del Estado leyeron sus respectivos informes de labores. Mezquino sería no reconocer algunos relativos avances. Si no de la magnitud de las hazañas que se atribuyen los que gobiernan, innegable que hay resultados, unos importantes y otros más modestos en algunas áreas. A propósito de esas exageraciones, divertidos los estribillos utilizados, a veces, en esos discursos, como para dar a entender que acaban de descubrir que la tierra no es chata sino redonda: “Por primera vez tal o cual cosa… por primera vez la otra”. Como el común de la gente carece de memoria histórica, a veces se traga la vara.

Sin embargo, así a vuelo de pájaro, pueden espulgarse de todos esos espejismos algunas realidades. La reinserción del país a la comunidad internacional ha sido, quizás, lo más relevante, considerado el aislamiento de que fue objeto durante el gobierno interino, que no fue reconocido por nadie. Las turbulencias que mantuvieron en zozobra a una buena parte de la población y en vela ardiente a la otra parte, durante la crisis política, también han bajado su intensidad. Aunque fue tanto el odio instigado, que en los extremos persisten los enconos. El centro del país, sin embargo, poco a poco ha buscado puntos comunes de encuentro. Si todavía hay malquerencias, son minorías que se quedaron colgados en el pasado -con un discurso duro e hiriente-, mientras la mayor parte de la sociedad ha decidido continuar su marcha de esperanza hacia adelante.

Aunque hay quienes apreciarían como humillante ese reencuentro de Honduras con la comunidad internacional -por todo el desprecio que fue evidente de parte de muchos que, sin duda, apostaban a la profundización de la crisis-, hay que señalar que varios beneficios no hubiesen sido posibles sin ese arreglo. Cierto, además, que este proceso de reconocimiento al nuevo gobierno, y de reincorporación del país a los bloques regionales y hemisféricos de los cuales fue suspendido, no hubiese sido posible sin la influencia de los Estados Unidos y de otros países realmente amigos que abogaron por Honduras. Aparte de todo el esfuerzo interno que se hizo por restaurar el orden democrático resquebrajado. Aunque el gobierno se atribuya gran parte del crédito, la verdad es que ello fue obra de muchos, sin los cuales no hubiese habido tal proceso de recomposición política y de reparación institucional, como del posterior reconocimiento al gobierno surgido de las elecciones, incluyendo aquí a los partidos y sus líderes que participaron en el proceso electoral, sorteando todo tipo de adversidades. Pero igual, para que ello fuera posible, tuvo que mediar no solo la voluntad del actual gobernante, sino su compromiso con ese proceso de reconciliación y de integración promovido, bien por convencimiento propio como para dar estricto cumplimiento a los Acuerdos de Tegucigalpa-San José.  Esenciales para que Honduras no perdiera la paz.

El país, por mucho que duela, es tremendamente dependiente. Hasta que no haya una convicción distinta dispuesta al sacrificio y al trabajo duro, actitudes correctas que dignifiquen, una voluntad emprendedora que tienda hacia la superación y a la autosuficiencia, y el cambio de conductas necesarias para salir de esta miserable situación en que siempre estamos, seguiremos amolados. Igual que la dependencia interna a los gobiernos, la economía del país depende de los empréstitos, de las remesas familiares y de la cooperación internacional. Ocupa de los recursos que vienen de afuera, porque sin ellos se desplomaría la moneda y la capacidad del país de sostenerse, hasta en lo esencial. Es una pena, pero así es. Lo anterior, entonces, puede destacarse como el principal logro de la primera mitad de período. Porque en otras grandes necesidades que quedan por remediar, como la reactivación económica, la inseguridad, la violencia, la desocupación, la calidad educativa, los servicios de salud, entre muchísimos otros males, ni cerca estamos de acariciar las soluciones. Aún así, deseamos enfatizar en los párrafos anteriores, porque en esta ocasión el propósito era destacar lo positivo.

MENOS CARETA

26 enero, 2012 Sección Editorial

NO escuchamos, pero nos contaron y después algo leímos, que el mandatario se quejó en el Consejo de Ministros que sus colaboradores no salen a defender los ataques al gobierno por los distintos medios informativos. Fue sincero al confesar que, a veces, ni le informaban plenamente de cosas de las que más tarde se enteraba cuando estallaba el escándalo. Demandó a sus ministros aclarar las dudas, porque hay varios temas que han quedado flotando en el aire y “se han discutido en el tapete público con alguna malicia”. Agregó que la falta de aclaración de los temas polémicos, por parte de los funcionarios, ha hecho que estos se mantengan vigentes, deteriorando la imagen gubernamental. Además, citando una serie de publicaciones en los medios estadounidenses sobre los altos índices de inseguridad y de violencia que azotan al país, dijo “nos están tirando durísimo”, por lo que solicitó a la Cancillería un esfuerzo extraordinario en ese tema. Denunció el interés de ciertas organizaciones no gubernamentales de hacerle daño a la imagen de Honduras en el exterior, porque “entre peor pongan a Honduras en el exterior consiguen más dinero”.

Pues bien, si ya para finalizar el primer tiempo del partido los jugadores lucen agotados, sin ganas de informar o de aclarar lo que están haciendo, ni imaginarse lo que pueda suceder en la segunda mitad, cuando el ánimo de muchos va a ser “encusucarse”, para no quemarse. Cierto que el alboroto reciente, sobre algunos temas, es debido tanto a la falta de aclaración como a la pésima estrategia de comunicación. Aunque no siempre es así. Ha sido más bien porque vivos, en dudosas transacciones, quisieron salirse con la suya y no pudieron, una vez que lo opaco salió a la luz pública. Incluso las justificaciones que algunos dieron en el Consejo de Ministros fue más una pasadera de pelota para evadir su responsabilidad, que una explicación creíble de lo sucedido. ¿Para qué tienen a los ministros y a los gerentes o presidentes en las autónomas, si no es para cuidar la espalda del mandatario y velar que los subalternos, o asesores, que se mueven entretelones, no deslicen cosas chuecas, cuestionables e inaceptables?

Las iniciativas que van al Congreso y los contratos que el Ejecutivo envía para su aprobación van refrendados por los ministros, no por subalternos o asesores. Siquiera el Secretario del Interior tuvo la entereza de disculparse públicamente y pedir perdón por los “errores y equivocaciones”. Lo que sea atribuible a la falta de información se corrige con que los burócratas informen adecuadamente. Pero lo que se haya hecho con malicia, creyendo que las cosas pueden esconderse sin que nadie se dé cuenta, es otra cosa. También debe decirse algo sobre diputados que aprueban esas cosas por confiados o “boca abiertas”. Para eso están las comisiones de dictamen, para leer, analizar, evaluar, estudiar y emitir una opinión calificada. En cuanto a las publicaciones del exterior, ese es otro pisto. Difícil será aclarar esas cosas negativas sobre el país que publican los medios de comunicación internacionales. Si la realidad del país da pie a las historias que se publican, los agregados o la exageración que pongan los que redactan esas notas, para aumentar su impacto, es parte de una percepción que difícilmente puede ser cambiada, a menos que cambie dramáticamente la realidad nacional. Así que la chamba que le han dado al canciller va a ser más dura, ya que no depende solo de él limpiar la imagen del país, o hacer que se perciba menos careta. Ello requiere también de solucionar los problemas, de revertir esas tendencias negativas, que escapan de la función de Relaciones Exteriores, porque son parte del cambio doméstico que debe darse. La percepción sobre la corrupción se combate con honestidad y trasparencia. No puede negarse que la violencia y la inseguridad campean. Pero tampoco hacen justicia al país las exageraciones. O que se atribuya a una política de Estado, que no lo es. Para concluir: Tiene razón el mandatario de exigir a sus colaboradores que den la cara y aclaren las cosas.

“EL BALDE”

25 enero, 2012 Sección Editorial

SEGÚN el periódico ABC de España, un año de vida le quedaría al comandante venezolano, “si insiste en rehusar el tratamiento adecuado que lo obligaría a dejar temporalmente sus funciones presidenciales, de acuerdo a exámenes médicos de los especialistas que lo atienden”. La especie sobre la prognosis clínica de Chávez ha sido varias veces desmentida por el gobierno venezolano y por el mandatario, argumentando que lo que buscan con la noticia es alentar a la oposición. Esas noticias sobre enfermedad de los gobernantes, a veces más bien tienen el efecto de incrementar su martirologio, ya que es humano el sentimiento de solidaridad a quien se encuentra pasando por reveses de su salud. En Argentina, la muerte del expresidente Nestor Kirchner -aparte del luto doloroso para la actual mandataria- tuvo el efecto de  concitar sentimientos de solidaridad de la gente a su favor, lo que indudablemente ayudó a su campaña de reelección.

Según la revelaciones de ABC, “a partir de las nuevas pruebas realizadas el pasado 30 de diciembre, los médicos concluyeron que «su salud parece estar deteriorándose a paso más rápido; claramente ha habido metástasis en los huesos y la espina dorsal».” “El último informe, del 12 de enero, especifica que el presidente venezolano «recibió en el último mes un incremento de dosis de calmantes y estimulantes», lo que explica la gran actividad pública que ha estado desarrollando.” “Pero la gravedad de su estado quedó confirmada en el examen del 30 de diciembre, que localizó «un nuevo cultivo cancerígeno de aproximadamente 2×1.5 milímetros en el segmento superior del colon».” “El cuadro clínico reduce su esperanza de vida: en noviembre los médicos hablaban de un año, ahora el peor escenario es de solo nueve meses. Chávez podría morir antes de las elecciones del 7 de octubre o bien llegar a ellas en tal estado, con abundante suministro de morfina, que podría incapacitarle para ejercer un cargo público.”

Aparte de que lo cristiano sería esperar el restablecimiento del mandatario venezolano, a la oposición política de aquel país no le convendría cifrar sus esperanzas en estas fatalidades. Ya ven que el líder de la revolución cubana lleva décadas de burlar las predicciones de la prensa internacional y, seguramente, ya habrá enterrado a muchos que cada año vaticinaban que “el próximo año, con seguridad, se muere Fidel”. Pudo, incluso, superar un crítico estado de salud que lo obligó a someterse a varias intervenciones quirúrgicas y a retirarse de la jefatura de Estado, no sin antes hacer el traspaso de poder a su hermano Raúl. Por ello, no es recomendable que la oposición política cifre sus estrategias en la creencia que su adversario vaya a “patear el balde”, sino actuar en forma unida, no disgregada, mientras buscan una figura carismática que logre levantar la esperanza del pueblo. En fin, este consejo es bueno para cualquier partido o grupo de oposición. Nunca se sabe cómo puedan jugar las coyunturas, o las oportunidades, pero la lucha mejor se hace con figuras carismáticas -o por lo menos serias y centradas- que consigan convencer y motivar a las multitudes. Y, sobre todo, infundir fe y esperanza.

LA OPOSICIÓN

24 enero, 2012 Sección Editorial

NO se desespere el amale lector -los que leen, porque el buen hábito de la lectura se perdió- y se aburre a medio camino. Vamos a iniciar con el ejemplo “gringo”, pero adelante en la segunda mitad del editorial comentamos sobre el patio doméstico. No solo aquí se ha calentado el ambiente político. También en los Estados Unidos. Los demócratas ya tienen candidato. El actual presidente Obama, que busca su reelección, es el candidato indiscutido de su partido.  En el Partido Republicano las cosas son distintas. Allá hay varios precandidatos que compiten en el largo proceso de elecciones internas. Pese a que la situación económica norteamericana está deprimida, la desocupación es tremenda y el gobierno no ha tenido mucho éxito en reactivar el aparato productivo y aliviar los problemas económicos -lo que normalmente plantea un escenario propicio a la oposición-, no se asume como inminente la derrota del partido de gobierno. Sucede que, hasta el momento, los republicanos se encuentran bastante divididos, sin un líder carismático que se plante frente al público elector, como un competidor de peso que pueda rivalizar con el actual inquilino de la Casa Blanca. Puede ser que, una vez concluya la contienda interna, las cosas cambien. Hasta el momento, los republicanos están enfrascados en una refriega de perros y gatos, despedazándose unos a otros. Ya cuatro de los contrincantes iniciales abandonaron la carrera.

Un paréntesis. Por lo general -ideológica y psicológicamente-, los liberales se asemejan más a los demócratas de allá, y los nacionalistas a los republicanos. Aunque en las actuales circunstancias, pareciera un contraste a la inversa. Un partido republicano bien estructurado -no tan dividido-, con un candidato carismático, tendría muchas probabilidades de destronar al actual Presidente demócrata, dada la mala situación económica. Sin embargo, salvo que las cosas evolucionen distinto, la debilidad de las candidaturas puede ser el mayor obstáculo de los republicanos para lograr su cometido. Este fenómeno no solo ocurre en los Estados Unidos. En varios países vecinos, los que están en el poder logran mantenerlo, no necesariamente por sus éxitos, o sus buenos gobiernos, o por la figura carismática de sus líderes. Sino por defectos y errores de la oposición. Por la división irreconciliable dentro de los partidos de oposición. Por la falta de liderazgos -en los grupos opositores- capaces de electrizar a las masas.

Sucedió en Nicaragua. Los nicaragüenses acabaron resignándose con Ortega. Y la disputa a muerte entre las facciones del Partido Liberal, más el odio que se dispensan, entre sí, los líderes opositores, los hundió.  Parecido a lo que experimentan ciertos países de América del Sur. La falta de un líder carismático opositor, y los errores de la oposición, ha condenado a esos pueblos a repetir, una y otra vez, lo mismo que han tenido encaramado por muchos años. Pese al desgaste de los gobiernos y al paulatino descenso de imagen de los que se mantienen arriba y no se quieren apear -gozando de ilimitados recursos gubernamentales para continuar-, la oposición no logra producir líderes que despierten la esperanza de los pueblos e infantilmente se fragmenta en divisiones irreconciliables. Para evitar cualquier suspicacia, como advierten en esas novelas de ficción, cualquier semejanza de los hechos descritos con la vida real, o con personas vivas o muertas, es pura coincidencia.

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